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Esto es un desparramo de vivencias diarias y la oportunidad de hacer más que pública mi vida privada.

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… en algún momento vas a estar en el ascensor y no va a ser divertido.
¿acaso se podría ser más afortunado
que cuando se es aceptado por toda una constelación de personas
que te llevan a pasear y no se molestan tanto
si al final del día o de todos los días
estás tan cansado que tu sonrisa se giró ciento ochenta grados?
enviando postales,
‘quisiera que estuvieras aquí’.
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Las paredes siguen tan blancas como la primera vez que entré en este lugar. Me pregunto de dónde habrán sacado a los arquitectos que armaron un edificio sin haber probado la temperatura del vapor del agua durante un invierno cualquiera. Quizás podría haberme dedicado a probar el sabor de los mares y la temperatura de las piletas de la ciudad; decidí escribirle cartas a todas las personas que conocí. Me gustaría poder suspirar palabras para no tener que repetir las cosas que me cuesta pronunciar. Hasta el momento en que deje de soñar voy a seguir acariciando la pintura arruinada y los ladrillos de aquellos cansadísimos edificios que cada mañana me despiden cuando me alejo.
Desearía poder dejarme visitar por el sonido, dejar que me vuelva a atravesar. Quizás el volumen esté demasiado alto, quizás mis ojos estén demasiado abiertos.
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sin internet en casa
y una tetera entre la tierra y marte.
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Doce minutos y todo lo que puede pasar en doce segundos.
Podría intentar leer los signos en los brazos, en la manera en que me despeino, en la manera en que no puedo volver a marcar los mismos pasos.
Podría dejarlo todo de lado, soñar despierto con alambrados y casitas no muy distantes de ellos. El pasto color ocre porque estamos en invierno.
Las tablas arruinadas por años de humedad y clavos que son como los de antes, y no como los de ahora.
Podría abrochar esta hoja con todas las anotaciones al margen y dejar mi escritorio lleno de ridículas indicaciones en papel engomado amarillo, sólo para no olvidarme de qué día es hoy.
Intenté engañar trenes, me equivoqué al doblar en varias esquinas y seguramente le haya prometido a alguien algo que no pude cumplir, pero tranquilo puedo levantar un vaso e intentar no dejarlo caer.
Rozar mis propias ideas con un cepillo, intentar no dejarlas en la parte de atrás de mi mente, ganarle a la sordera que se abre paso entre el sonido que hay fuera de mi casa en una tarde cualquiera.
Voy a dejar esta casa. Afortunadamente empecé a recordar el olvido, y es en el medio de un aluvión de etiquetas y cinta scotch que elijo con qué me quedo.
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hoy canté daisy muchas veces. y tantas veces para vos.
y lo peor de todo es que no estamos muertos.
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Continuar leyendo ‘feliz cumpleaños’
Hay demasiada luz en esta habitación. Los oídos que se comprimen con cada golpe de batería. Sin duda no existiría la música como la conocemos si no fuera por la batería. Y la guitarra. Y todo lo que hace a la música moderna.
Podría pedirte que me ayudes a subir las escaleras de caracol, repletas de afiches. Mientras el edificio entero tiembla y la gente corre por los pasillos. Toda campaña política derribada por un temblor, una lluvia de arrepentimientos y pedacitos de ideas golpeando el piso. Espero que la cámara se aleje, damos una vuelta y la clase de francés no sirvió para tanto como ellos hubieran creído. Y así, en un momento, toda nuestra vida pasa por delante nuestro.
Por favor, quiero ir al más allá. Del otro lado de esta mesa, de este anotador y de esta pila de inocentes tropiezos. Te agradecería que me recordaras todas las veces en que dije que sí, y me devolvieras toda esa fascinación por lo que no es no verdad.
Dudo que algo de todo esto nos detenga. Seguir creciendo no me va a detener. Nunca me escuchaste decir que voy a salvar al mundo, con tanta elocuencia como lo hice en estos últimos días. ¿Los martes trece no daban mala suerte? Yo diría que dan expresiones regulares.
No y no, no digas que no querés que cambie. ¡Quiero que quieras que yo cambie!
Mi frente se siente como una pista de aterrizaje. Llamaron del gremio de camioneros, quieren que les des todo, todo tu amor.
Nunca viviste, nunca bajo un árbol en verano y menos que menos tuviste la atención de mencionar aquello que peor te hacía.
Deberías dejar de lado todas esas preocupaciones. Dijiste que nunca te habías enamorado, te dije que tenías ojos de eclipse. Nunca durmió alguien de manera más real como cuando despertábamos del mismo sueño. Podrías decírmelo todo, todo va a estar bien. Podrías dejarlo todo deslizarse, debajo de la puerta, deslizarse hacia lo lejos.
Así fue que definimos esta noción de verdad, y tuviste que enfrentarte a las consecuencias.
Pero la verdad es una cosa terrible.
Woah.
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