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here comes the sun

motion city soundtrack – “here comes the sun”

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demasiada luz

Hay demasiada luz en esta habitación. Los oídos que se comprimen con cada golpe de batería. Sin duda no existiría la música como la conocemos si no fuera por la batería. Y la guitarra. Y todo lo que hace a la música moderna.

Podría pedirte que me ayudes a subir las escaleras de caracol, repletas de afiches. Mientras el edificio entero tiembla y la gente corre por los pasillos. Toda campaña política derribada por un temblor, una lluvia de arrepentimientos y pedacitos de ideas golpeando el piso. Espero que la cámara se aleje, damos una vuelta y la clase de francés no sirvió para tanto como ellos hubieran creído. Y así, en un momento, toda nuestra vida pasa por delante nuestro.

Por favor, quiero ir al más allá. Del otro lado de esta mesa, de este anotador y de esta pila de inocentes tropiezos. Te agradecería que me recordaras todas las veces en que dije que sí, y me devolvieras toda esa fascinación por lo que no es no verdad.

Dudo que algo de todo esto nos detenga. Seguir creciendo no me va a detener. Nunca me escuchaste decir que voy a salvar al mundo, con tanta elocuencia como lo hice en estos últimos días. ¿Los martes trece no daban mala suerte? Yo diría que dan expresiones regulares.

No y no, no digas que no querés que cambie. ¡Quiero que quieras que yo cambie!

Mi frente se siente como una pista de aterrizaje. Llamaron del gremio de camioneros, quieren que les des todo, todo tu amor.

Nunca viviste, nunca bajo un árbol en verano y menos que menos tuviste la atención de mencionar aquello que peor te hacía.

Deberías dejar de lado todas esas preocupaciones. Dijiste que nunca te habías enamorado, te dije que tenías ojos de eclipse. Nunca durmió alguien de manera más real como cuando despertábamos del mismo sueño. Podrías decírmelo todo, todo va a estar bien. Podrías dejarlo todo deslizarse, debajo de la puerta, deslizarse hacia lo lejos.

Así fue que definimos esta noción de verdad, y tuviste que enfrentarte a las consecuencias.

Pero la verdad es una cosa terrible.

Woah.

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grabando el verano en cada hojita que cae

el estanque

el estudio

la carretilla

el cielo de la parrilla

el cielo de la casa

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encerrado todo el día con el calor del verano

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tu voz (la banda sonora de mi verano)

http://myspacetv.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&videoid=37359998

your voice was the soundtrack of my summer
do you know you’re unlike any other?
you’ll always be my thunder, and i said
your eyes are the brightest of all the colors
i don’t wanna ever love another
you’ll always be my thunder

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clic (esa película)

Soundtrack of my Summer

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margarita y yo

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los alerces

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notas de viaje – parte dos

Alégrate, aún no es el día final. No me iré por mucho tiempo. Déjate llevar, seré tu paracaídas. Puedo ver el infinito desde cualquier ventana si me lo propongo. Puedo verlo cuando camino a ningún lado y justo hacia vos por calles que si pudieran no tendrían nombre. Puedo ser yo mismo entre las gotas de lluvia que de a poco pierden el vértigo y cualquier tipo de vergüenza mientras puedo vivir sin ellas. Las personas se esconden bajo los aleros de los puestos de diarios como si supieran que este chaparrón va a terminar pronto, tan pretenciosas a veces las personas creyendo que pueden tener alguna idea del futuro. No importa qué forma tengan las nubes, si así lo quisiera la lluvia podría durar una eternidad. Pero nunca digas para siempre si no estás dispuesto a intentarlo. Quizás sea que no me gusta usar paraguas, quizás es la falta de costumbre o quizás sólo me gusta sentir cómo el agua encuentra su camino a través de los pliegues de la ropa y espera el momento justo para robar toda mi temperatura corporal en caso de que no haya un beso para mí en esos labios.

Si no consigues respuestas, haz mejores preguntas.

Azules profundos y otras canciones que alegraban a mis pies en la esquina de Mario Bravo y Córdoba. La panadería con sus siempre prendidas luces que no saben qué decir durante toda la noche, los autos y el ejército de taxis que vigila impecablemente las calles de la ciudad mientras algunos esperamos colectivos que no pasan y escuchamos veranos californianos en forma de canciones que sin piano sólo serían otra melodía en otros oídos. Parte del juego siempre es el factor sorpresa, un brazo intentando ahorcarme pero haciéndolo mal (así no se mata a una persona) y la orden innecesariamente grosera de que entregara mi reproductor de audio. Nunca tengo mis anteojos puestos, ni de noche ni de día, en ningún lado que alguien pueda verme, pero justo esa noche los tenía puestos. Se cayeron al piso cuando retrocedí unos pasos y hacia el medio de la calle, dejando que se levantara mi remera sobre mi cabeza. Cuando me recompuse estaba obstaculizando el tránsito en la calle, un taxi esperaba con tranquilidad a que me corriera y atrás estaba afortunadamente, muy afortunadamente, el colectivo que nunca pasa que yo me iba a tomar en primer lugar. Mis anteojos arruinados hace ya mucho tiempo en el piso y uno de los tres chicos que se agachó a tomarlos. “Se te cayeron los anteojos” – dijo el señor obviedad. “Dámelos” – sin mucho de amenazador en mi voz dije. “Dame el MP3 y te los doy” – respondió y sin un instante de duda le dije que los tirara, ni que pudieran romperse o rayarse más de lo que ya estaban. No pensaba correrme del medio de la calle, como resultado de mi lógica retorcida estaba seguro de que como mucho iba a conseguir que se bajara algún conductor a pegarme y en ese caso hasta podría pegarle también al imbécil que quería robarme pero se preocupaba por los cristales de mis anteojos. Mientras no dejara que pasaran los autos nada me iba a suceder. “Bueno, te los doy” – creo que dijo mientras repetía que los tirara, me los acercó tan poco como fue posible, los tomé y me subí al colectivo. Al menos esta vez no le dije a nadie que me disparara.

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el clima nunca se preocupó por mi

le agradezco a ese caballero verde.

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