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Volveré pronto y seremos otra vez

Con esa timidez característica me sorprendió cuando salía, y una gotita aquí y otra por allí empezaron a salpicarse las baldosas que tan cuidadosamente esta mañana algún portero habrá limpiado, como todas las mañanas. Seguí caminando, me puse mis lentes oscuros para esconder mi mirada, o quizás para hacerla más interesante, desenredé el manojo de cables que una hora antes todavía era un par de auriculares, intenté acomodar mi pelo para lo que venía. Esperé valientemente en la esquina a que cambiaran las luces mientras las personas tomaban tantas pero tantas decisiones difíciles. Se detuvieron los colectivos y por un segundo la tierra dudó si seguir girando o no, y la luz finalmente se puso verde. Yo sé que ellos sabían lo que se venía, no tenían ni una sola duda.

Las baldosas sin ningún problema empezaron a mutar en aceitosas sartenes y las zapatillas con una suela que no serviría para jugar al fútbol -como las mías- hacían las veces de milanesas que paso a paso dudaban si iban a poder dar el siguiente paso sin darlo en falso. Los colores de todo lo que tenía color comenzaron a cambiar y unos se pusieron más oscuros y otros se dieron vuelta por completo, otros desaparecieron y, quizás por efecto de mis lentes oscuros, se volvieron parte del gris que el cielo sin perder un segundo empezó a desparramar por la ciudad. No puedo contra la tentación… Cada vez que hay un atisbo de felicidad en mi pecho tengo que mirar al cielo. Siento desilusionar a alguno si no busco nada en particular, porque cuando miro al cielo es sólo porque quiero ver el cielo.
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necesito nuevas camisas (creo que me quedan bien)

escrito entre el 1 y el 17 de enero de 2009

a book that ends with no last page.

decía esa frase medio dormido en alguna reciente conversación telefónica de medianoche sin saber realmente por qué la mencionaba. creo que esa es la sensación del fin del año que acaba de terminar. este año no quiero volver sobre el camino que recorrí y sacar conclusiones. no quiero necesariamente el ritual de darle un cierre a un año que quizás no termine de cerrar en mucho tiempo.

un principio de año sin una sonrisa, un verano que por segunda vez no pudo existir.
mis brazos sin sol durante tantos meses.
retorcidos planes desparramados como secretos y rumores.
mi campaña por recuperar algo de privacidad. algunas cosas mejor no saberlas
o hacerlas saber.

las histerias, la falta de interés, las ilusiones que me dediqué a tejer,
las promesas que hice sabiendo que no iba a estar para cumplirlas.
el miedo al miedo y las canciones. el coqueteo con la depresión.
los ridículos gritos desesperados por atención.
hola frustración, mi nombre es. Continuar leyendo ‘necesito nuevas camisas (creo que me quedan bien)’

mamá celular sonrisa (idiota)

gracias por detenerte junto al río.
(así el viento no me volaba las ideas)

- y…. un poco de dragón tiene valen
- sí, la nariz.

a veces los comentarios de mis padres no tienen desperdicio… ya estoy coleccionando esas cosas.

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muchos corazoncitos y motion city soundtrack

los días que empiezan con dolores de cabeza o el cansancio de un colchón que no es un colchón, una docena de charlas todas las noches que no pueden terminar sin tu voz, talvez no puedan terminar sin la mía. la ansiedad como reflejo del hecho de que me queda un largo camino por recorrer. pero lo que reconozco como progreso son los mensajes de texto intracerebrales que flotan cuando todo se hace insoportable y necesito demasiado eso que no tengo idea de qué es y si la tuviera probablemente no podría verlo.

o una tijereta en el café con leche calentada en el microondas que nos recuerda que estamos vivos.

sam que da vueltas alrededor mío y llora, pero acabo de sacarla a dar un paseo por el jardín. llega mi hermano y le cuento la anécdota de la tijereta.

llamados telefónicos de 20 minutos que terminan en uno de los lados ofendido y el otro preocupado, cuando no hay necesidad de que así sea. canciones feas con acordes que suenan feos aunque estén bien, un puñado de mensajes que al final no tienen mucho sentido ni mucho valor pero ahí estoy de vuelta. hola, 40 minutos con tu sonrisa la más linda de todas (es cierto que la sonrisa nos cambia el tono de voz, lean algún libro de mercadotecnia).

you’re the echoes of my everything,
you’re the emptiness the whole world sings at night.
you’re the laziness of afternoon,
you’re the reason why i burst and why i bloom.

haber arreglado el cableado del dvd + televisor + equipo de música para deshacernos del audio monofónico fue una excelente idea, desde los capítulos de The Big Bang Theory hasta la discografía de Motion City Sountrack, todo suena mejor en estéreo; y vos también.

y ahora descubriendo el ep de ‘the doppler effect’, escuchar la voz de will pugh de cartel como invitado me hizo recordar que hace ya mucho que no escucho ese excelente primer disco de ellos. y que quiero un disco nuevo pronto, pero por lo pronto (sic) este ep suena lo suficiente powerpop como para ser de mi agrado.

en otras noticias, si no se pierden las valijas en el viaje hay una potencial posibilidad de que tenga un nuevo disco externo de 500 GB en la semana que viene. ahora sí que voy a poder coleccionar todo lo que se me ocurra, como estampillas (digitales), latas de gaseosa (digitales), botones (digitales) o muñequitos de plástico (que metería a la fuerza en la carcasa).

y entonces me puse los lentes oscuros, apreté la mandíbula, pisé el acelerador y cuando me di cuenta estaba yendo a toda velocidad hacia el resto de mi vida.

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notas de viaje – parte uno

escribí estas notas en mi computadora cuando viajaba de buenos aires a bariloche ayer a la noche

No creo que realmente me haya sorprendido ver ese auto tan lujoso, si bien un poco pasado de moda, al costado de la ruta. La chica tenía un par de perros atados con sus correas y sólo estaba entre los espaciados árboles que manchaban de cualquier manera con sombra lo verde del pasto al costado de la ruta.

Ricardo Arjona canta; me causó quizás cierta ternura cómo sonrió al final de una canción. A pesar de la sensación de desagrado que supongo es general con respecto a él y su trabajo, no me importa mucho al momento de ser simpatizado por una sonrisa.

No escribí una carta que esta mañana dije haber escrito, quizás estaba demasiado seguro de haberla escrito en mi mente mientras hablaba con vos por teléfono, mientras te escuchaba dormirte, cuando te perdías y tratabas de perderte en vos misma, cuando tu corazón podría haber dejado de latir.

No creo que tenga mucho que ver con el hecho de que no tuve mi guitarra por dos semanas pero fueron dos semanas bastante particulares. No tengo ganas de indagar realmente en el asunto.

Me gusta mucho sonreírle a la gente, empecé a desarrollar hace ya una moderada cantidad de tiempo una especie de noción con respecto a mi sonrisa. Llegué a sentir que una sonrisa puede ser superpoderosa. Me pongo a prueba y aunque no sé si realmente puedo medir muchas consecuencias (por el motivo que sea), sigo regalándole la expresión facial a las personas que me cruzo. Sea el momento que sea, trato de terminar o continuar las conversaciones sonriendo, me ayuda a disimular lo torpe que puedo ser a veces para decir algunas cosas. No puedo entender mucho cómo hago para arreglármelas para siempre tener las maneras más absurdas de decir las cosas más triviales. No voy a seguir y llegar al extremo de decir que me cuesta hablar y hacer un circo de eso, se me da bastante bien con la dialéctica, pero me parece que tengo una manera particular de intentar decir las cosas.

La manera más rápida de llegar a un lugar es tener una buena manera de distraerse cuando llegamos. Anoche esperé unos minutos, no fueron muchos pero al fin hacía frío en Buenos Aires y pude usar un abrigo dejando que escapara el cuello de la camisa. Es tan hermosa cuando está en pijama. Como si de pronto hubiera tenido alguna especie de delirio fuera de los libros de psicología y personificara a un disco rayado, le repetía que se veía tan linda. Intenté abrazarla por detrás, de a poco supongo vamos aprendiéndonos el uno al otro. De verdad se veía tan linda toda de rojo con el cuerpo mejor tallado debajo de ese pijama. Subimos y le pude dar un beso. Nos íbamos a extrañar, es decir, creo que nos vamos a extrañar. Rozando la demencia con una afirmación como la siguiente, no tengo problema en decir que estar con alguien luego del tiempo que sea, las noches de llamadas telefónicas, el silencio de biblioteca en nuestros cuartos cuando no queremos molestar y sólo nos preguntamos en dónde estará; si estará disfrutando su noche, la incomodidad de preguntarnos a nosotros mismos cuánto es que nos gusta extrañar a la otra persona y lo inexorable de la respuesta que se nos presenta cuando no podríamos estar con ninguna otra en ese momento… Todo eso sumado al brillo de sus ojos cuando cualquier destello se filtra entre su pelo; todo eso no importa una vez que llegamos. Cuando estoy ahí me sonrío y puedo creer reírme por dentro al notar cómo no me importa mucho por dónde anduve, cuánto tiempo pasó, cuanta gente se sentó al lado mío en decenas de colectivos o la ansiedad diaria que tanto me molesta cualquier día de cualquier semana cuando no alcanza con respirar para sentirla más cerca. Paralizado por las mismas palabras de la última vez, paralizado por las mismas palabras de siempre. ¿Cómo podría dejar pasar una oportunidad para decirte que te quiero? Aunque a veces lo diga tan fuerte que me olvide de pronunciarlo y sin sentido alguno esperara que pudieras deducirlo de la manera tan particular que tienen mis ojos de mirar como si nadie más en este mundo pudiera mirarte como yo; como si nadie más en este mundo pudiera ver dentro de mis ojos cuando eso sucede.

me gusta poder reconocer la influencia de ‘el guardián entre el centeno’ tan fácilmente en lo que escribo.

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preguntar donde estuvimos

i got a first class ticket to a night all alone
and a front row seat up right by the phone
cause you’re always on my mind
and i’m running out of time
i’ve got your hair on my pillow and your smell in my sheets
and it makes me think about you with the sand in your feet
is it all you thought it’d be?
you mean everything to me

i got your runaway smile in my piggybank baby
gonna cash it right in for a new mercedes
if i drive a hundred thousand miles
would you let me stay a while?

and when you hit the coast
maybe you’ll finally see
and then you’ll turn it all around and you’ll come back to me

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ataque de risa

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sonrisas de supermercado

septiembre, 2008

Hay muy poca gente por la que aún finja una sonrisa.

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cuando te dije que tus ojos

estaba sentado al borde del infinito, esperando que vinieras y te sentaras al lado mío para ver a las ballenas cuando escuché.
me di cuenta de que no era lluvia lo que caía, sólo era una leve interferencia diluída en la señal que iba de mi marcapasos al casco. el trópico de capricornio parecía una cereza cuando te prometí arreglar todos tus huesos rotos.

caían los granos de azúcar cuando me levanté y empecé a caminar hacia el lado de los girasoles. era un atardecer muy particular, no habías cantado todavía cuando te sorprendí colgando la ropa. sonreímos pero fue uno de esos recuerdos de postal, de los que guardábamos cuando aún era posible viajar. soltamos algunas palabras y me hiciste recordar por qué eras vos, la que hablaba del destino.

en el medio del verano me levanté para esperar que llegaran, iba a ser este el año en que todo cambiara. pero nuevamente todo cambia de la manera que no estamos observando. ¿te puedo cambiar una sonrisa por un ramo de dedos hecho entre nuestras manos?

podemos soltarnos todas las noches y dejarnos ir a pasear un rato, nada puede lastimarnos ahora viviendo con la cabeza en el cielo. el sol es un recuerdo de álbum de figuritas y las estrellas se vuelven tus primas y hermanas postizas. cuando me dijiste que el helado de vainilla era tu color preferido sólo pude intentar ponerme mi traje favorito. ese fin de semana ganamos todas las carreras en caballos de calesita.

me sentaba en el piano y te cantaba las canciones que más te gustaban. hacíamos vibrar el polvo estelar, te reías y te sentabas al lado mio. recuerdo cuando te quedaste dormida mientras recitaba en voz alta mis pensamientos más desordenados. me dijiste que no soñaste, porque yo sé que nunca te quedaste dormida.

no puedo virar mi cabeza de la imagen de esta calle, alejándose hacia el centro entre edificios y sombras que no existen, oscureciéndose a medida que el horizonte se hace más cercano, tan tenebroso como el miedo que siempre tuve a perderte. como cuando supimos que podíamos respirar en el espacio, sólo que no querían que lo hiciéramos.

nos tirábamos en el trigo tan dorado como el cielo color azufre que nos cubre desde hace tanto tiempo, podíamos ver las tormentas tan alto, lejos de nosotros, corrientes climáticas que nadie podía explicar, al menos no en el tiempo y espacio que nos tocó conocer.

las palabras finales que dijimos antes de desaparecer. nunca tuvimos tanto miedo, pero siempre encontramos el camino de vuelta a casa.

¿acaso no te gustaría verme otra vez?

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nos quedamos sin energía

se sabe que estoy asustado de todo
y que por mas corajudo que soy
y sigo siendo
le tengo miedo a tantas cosas.

pero tengo tanto miedo de caer así por vos
hacía tanto tiempo que no tenía las sonrisas idiotas
esas de que te gusta alguien.

pero a mí no puede gustarme alguien
a mí no puede gustarme alguien
a mí no…

(talvez si lo repito muchas veces…)

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