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mantenienme lejos

escrito en el celular esta tarde mientras iba a trabajar
y luego cuando volvía

No hubiera podido predecir el puñado de horas pasada la media noche de anoche.
Esta mañana mientras el efecto de la melatonina se disipaba de mi cuerpo le pregunté a mi mamá qué hora era. Como todas las mañanas estaba trabajando en su estudio al lado de mi habitación. Ya casi eran las 11. Dormí 6 horas.

Me levanté de buen humor. Quise tomar un café durante toda la mañana y pasado el mediodía, pero nunca lo hice.

Puse Scrubs. Estoy por terminar de ver mi colección completa y se va mi temor: el ya no poder reírme y dejar a los guionistas hacer lo que quieran con mi sistema nervioso central una vez que terminen todos los capítulos. Esta mañana después de varios días de “me cambia el humor, no estoy triste ni deprimido pero si pudiera lloraría” finalmente pude llorar así como nadie puede hacerme con una muerte.

Me gusta vivir emociones a través de vidas de otras personas que no existen, como un medio de encontrar un escape a mi propio desconcierto cuando me encuentro todas las mañanas con mapas que no puedo leer y algunas pistas que cuidadosamente dejé para mi mismo las noches anteriores con la ilusión de poder entenderlas justo antes de que caiga la noche otra vez.

Sin duda cada día es diferente al otro, pero eso no significa que no vayan a pasarnos las mismas cosas cada día. Después de todo es el calendario que está entre los pulmones, o arriba del pancreas y un poquito por encima de esas otras cosas que hay, el que nos impide tachar algunos días, sin importar si pasaron hace varias elecciones en países subdesarrollados en el medio oriente.

Me gusta como estoy escribiendo menos mensajes de texto, lejos de superar mi compulsividad literaria intento separar la concepción del cariño ajeno, del importarle a alguien, de la amistad o quizás del interés personal mismo con el no recibir un sólo mensaje por 48 horas. Al final del día vas a estar igual de solo, igual de triste o igualmente desencantado con la vida, recibas mensajes o no.

No pasa lo mismo con la voz, y si bien algún tecnócrata fanatizado podría discutirme que la voz es muy del siglo pasado (o del anterior), tomo como un hecho empírico personal la cualidad de la voz en materia de relaciones interpersonales. Poder relacionar la voz de alguien con tranquilidad, con amistad, seguridad, apoyo, cariño.. Le pasa el trapo a cualquier mensaje de texto. Supongo que es un beneficio para la gente que no opina como yo… Es decir, quienes no atienden el teléfono cuando llamás. Porque no quieren escucharte.
A los que les alcanza con mensajes de texto. Lo bueno de eso, de que te haga bien un mensaje de texto pero no una llamada, es que una persona muerta puede enviar mensajes de texto, puede dejar una colección de mensajes para enviarse quizás marcados en un calendario para ser entregados en algún momento y… ¡Te daría lo mismo!

Cuando me tomo el colectivo para volver de donde trabajo, cuando ya es más tarde que la hora del té en Londres, el frío me lastima los pies. La gente no me mira.

Y naturalmente vuelvo a recordar todas esas cosas que me hicieron querer irme. El no importar en esta ciudad que se quedó perdida en los matices del clima patagónico.

Me acuerdo de cómo llevaban sus vidas los demás. De cómo va a salir la gente de sus colegios y de cómo ya no debería importarme eso porque salí del sistema hace más de veinte meses. De los horarios de los colectivos. De los teléfonos de mis amigos.

Hoy contaron conmigo. Me sentí bien de que me llamara mi mejor amigo para decirme que no podía con el estudio, supongo que volví a serle útil, al fin. Me escribió Mat, mi mejor amigo, para decirme algo que me dejó la sonrisa mejor que después de lavarme los dientes. Y estuvo bien.

Trabajé toda la tarde haciendo lo que más fácil me sale: trabajo de pseudo-programación muy mecanizado. Traducir líneas de código y pescar información para conseguir lo que busco. Estoy aprendiendo mucho. Y mientras tanto… Está bien.

Trato de aprender de mi mismo y buscar palabras en mis ratos libres para saber qué decirle a los demás. Pero a pesar de llamadas largas de larga distancia en las que constantemente dudo de mi mismo y temo decepcionar al otro sabiendo lo fácil que es… Sé que al final del día no tengo las palabras.

No tengo las palabras para ella que no se quiere y me hace sentir que mis palabras no valen nada, porque nunca le valieron cuando quise decirle que era linda. No tengo las palabras para ella que trata de hacerme ver que valgo más que mi peso en choco crispis. No tengo las palabras para ella que me necesita y yo no existo. No tengo las palabras para ella que apenas me conoce, pero por suerte tengo muchas otras guardadas en rincones escritos en UTF-8 para que encuentre. No tengo las palabras para decir que no sé qué hago. No las tengo para responder por qué estoy acá, o cual es mi plan.

No tengo las palabras para justificar por qué es así. Se me acaban las teorías, las hipótesis para poder explicar por qué fue así. Por qué pasó el tiempo y no hubo nadie ahí al lado para ver una película. Por qué nunca apareció nadie a esperarme cuando saliera de cualquier lado.

Por qué nunca me despertó esa llamada. O por qué sé cuando me van a llamar y por qué van a hacerlo. Y rezar porque se rompan las cosas que yo puedo arreglar, y sentirme con un propósito más interesante que el haberme convencido de escribir líneas y líneas sobre mi mismo, enredando todo lo que me pasa como si estuviera tratando de pescar con dos cañas al mismo tiempo.

Por qué me jacto después de mucho tiempo de no ser normal, y sin pudor alguno alardeo de ser diferente a todos. Y lo mantengo… Sólo me gustaría que lo que fuera que me haga no igual a los demás fuera del tipo de cosas que a los otros no normales les da cuidado, preocupación… Los hace especiales, en ese buen sentido, en oposición a mi sentido.

En mi cabeza empiezo a recordar y me siento nuevamente en el dos mil seis, dos mil siete y todas esas cosas que dije con los años de mi mismo… Son las mismas. Es por eso que en realidad son dos años y medio de estar en el mismo lugar. No cambié. No cambio. Las cosas… No cambian.

Que aparenten ser diferentes no implica nada más que… Eso.

Y puedo seguir jugando alrededor de todas las cosas que me pasan y ver si cambia algo, pero al final del día no va a ser así, y sólo voy a haber expuesto todas las razones por las que… No sé ni cómo sigue.

Me quedo sin batería, me voy a dormir.

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no saber nada es mejor que saberlo todo

en mi no-tan-productivo domingo, casi como en un nuevo tipo de rutina adquirida desde que volví a bariloche, me dedico a revisar de a poco los más de 50 DVDs que fui descargando y coleccionando a lo largo de los años. hoy me dediqué a ver Berth, el DVD de The Used. el mismo tiene un recital completo en Vancouver, Canadá, casualmente donde estuvo mi mejor amigo en el verano (en algún punto se lo mencioné, cuando en alguna noche de sexo, drogas, rock and roll, alcohol y muchísima programación en php para algún sitio escuché gritar ‘vancouver’ al cantante).

escuchaba este disco desde hacía un año y medio, pero nunca había visto la presentación en video.

disfruté muchísimo del recital y luego de la suerte de ‘documental’ que lo acompaña, donde pude conocer un poco a una de las bandas que más escuché durante los últimos dos años. tengo como testigo de ese dato el hecho de que tengo grabados sus discos desde la última vez que me quedé estudiando de noche (y de día, y en todo momento, prácticamente) cuando estaba estudiando para rendir quinto año libre. aún tengo esos discos escritos con marcador indeleble negro, cuando me dedicaba a hacerles el diseño y todo, siguiendo básicamente el mismo patrón para todos los discos pero bueno: tampoco tengo un gusto musical excesivamente variado.

de a poco me voy interesando más y más en cada asunto que consigue mi atención, es por eso que trato de cuidarme: una vez que quiero saber acerca de algo no me detengo hasta agotar los recursos en la materia. muchas veces prefiero no saber, al menos por mucho tiempo, cómo son físicamente los integrantes de una banda, o de dónde son o qué los mantiene despiertos por la noche… porque sé que sería sólo el principio de una carrera hasta saberlo todo. más de una vez me encontré a mi mismo confesándole a alguien que soy un adicto a la información.

no hacen falta las oportunidades en las que alguien está hablando acerca de, digamos, píldoras de control de natalidad (o anticonceptivas, en ese sentido) y puedo dedicarme a explicar desde su funcionamiento hasta su origen. por suerte veo a través de mis ojos las veinticuatro horas y no a través de los ojos de los demás: supongo que me asombraría lo friki que resultaría mi impresión en los demás.

y sobran ejemplos… pero hacen falta otros: ojalá en algún punto de nuestro recorrido a través de la curva del universo me interesaran los deportes tradicionales: ¡podría tener charlas espontáneas con tanta gente!

si tan sólo me interesara por un segundo el tenis, podría decirle a todos algún dato curioso de federer o nadal o… de lo que fuera.

y no es que no lo haya intentado… desde siempre fuí así. tenía seis años cuando al terminar de cenar explicaba algún dato curioso del universo y filosofaba acerca de cuestiones que descubriría cuatro años más tarde que estaban bastante acertadas. y a decir verdad, a esa edad me gustaba el fútbol. pero no podía relacionarme con la pasión por el mismo. ¡lo intenté! no me salía querer gritarle al televisor para que un jugador mejorara su rendimiento… maldita lógica inquebrantable que me es tan inútil la mayor parte del tiempo y cuando debería servirme se queda durmiendo en casa.
quería hacerlo, quería tener intenciones genuinas de quejarme, de sentirlo, de gritar al respecto pero… no.

volviendo al eje, quería aprenderme cosas que mis compañeros recordaban: formaciones enteras de equipos… varias decenas de nombres de equipos, jugadores, campeonatos… revisaba las páginas de los álbumes de figuritas, o los suplementos que nadie leía en mi casa: los de deportes.

pero no servía: podía recordar de principio a fin cómo se daba la fisión nuclear o para qué se usaba cada isótopo del uranio en la misma cuando tenía sólo nueve años, pero nunca pude aprenderme más de tres nombres de jugadores. maldita sea mi supuesta capacidad intelectual de la que hablaban las maestras.

por supuesto, luego de muchos intentos como buen científico llegué a la conclusión de que mis experimentos no iban a dar frutos y me di por vencido: sólo me limité a mencionar el equipo de fútbol con el que simpatizaba pero aclaraba que no me gustaba el deporte. a los diez años ya no jugaba más. tuve mi intento con el básquet a los siete años (si ahora mido un metro con sesenta y tantos centímetros imaginen a esa edad) pero ahí se quedó todo. lo mismo con la natación pero… no.

nunca fui bueno para el ajedrez tampoco (es un deporte).

recién conocí el único deporte que genuinamente disfrutaría a los doce años cuando empecé a hacer skateboard, pero es otra historia.
y aunque obviamente nunca fui bueno hasta el día de hoy puedo disfrutar practicarlo.

hoy pude sentirme más cerca a The Used y a su forma de ser. afortunadamente no cambió en absoluto mi impresión de ellos. lamentablemente no tengo con quién juntarme para ver este tipo de materiales. siempre me gustó la idea de eventualmente tener con quien compartir tantos aspectos de mi vida que nunca pude compartir. quizás alguien con quien compartir la música que me gusta, desde Sondre Lerche, pasando por blink-182, Angels and Airwaves, dando una vuelta por Frank Sinatra, y volviendo a Motion City Soundtrack, Armor for Sleep, The Used y quizás deteniéndome en mis gustos más flojos como Fall Out Boy o mi reciente respeto hacia Panic at the Disco. tengo tantos DVDs para ver, y los voy a ver solo. no me entristece en absoluto.

es decir, obviamente me puso muy triste mucho tiempo que fuera así. después de todo la adolescencia suele caracterizarse por nuestras relaciones sociales, pero la mía tuvo escasas. sin embargo hace algunos años me era más fácil compartir gustos con algunos de mis mejores amigos, cuando blink-182 todavía estaba dando vueltas… pero crecemos para diferenciarnos y no creo de ninguna manera que eso impida el relacionarnos, pero sí que lo hace más difícil al momento de compartir. es interesante conocer cosas nuevas a través de amigos, pero no siempre una relación desarrollada con anterioridad (en otra etapa de nuestras vidas) garantiza que podamos intercambiar gustos con alguien.

eventualmente va a aparecer alguien, pero nuevamente citando a the used:

well you’re never gonna find it,
if you’re looking for it,
won’t come your way,yeah
well you’ll never find it,
if your looking for it.

nunca vas a encontrarlo
si lo estás buscando
no vendrá hacia vos
nunca vas a encontrarlo
si lo estás buscando.

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EDIT: Ya tengo a Zim para ver DVDs conmigo. ¡Ven que si no lo están buscando aparece! Ahora voy a escribir sobre como siempre quise tener un auto…

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