hay tanto sol escondido, en el lugar del que yo vengo.
le encuentro sentido a la búsqueda en la búsqueda,
pero reconozco que deja de tener sentido en algún punto del camino.
me entretuve demasiado buscando lo que no está, buscando lo que falta,
buscando algo que buscar.
busco miradas en miradas y busco tus ojos en ojos que no devuelven la mirada.
ojos que no ven, probablemente deberían ser revisados por un médico.
los robots que gateaban hasta llegar a mi cerebro ahora son mi objeto de estudio,
y este jardín de sentimientos es salvaguardado por un ejército de plantas de tomate.
y hoy fue un día como cualquier otro.
algunas noches desenredamos las palabras que se nos fueron pegando como abrojos,
las vamos apoyando sobre la cama y las volvemos a ordenar hasta que nos digan algo.
más de una vez se encontraron nuestras manos al intentar tomar la misma palabra al mismo tiempo.
nos cuesta tanto ese momento de encuentro. ¡cómo me gustaría que te gustara el café!
prefiero sacarte las palabras, sacártelas una a una. más aún, prefiero quedarme sin ellas.
supongo que el cartero se olvidó de tu casa y no avisó que esta es la primera de todas,
que ya no hay canciones que se escriban por vos.
que esos silencios celulares que duran meses
vienen con un cargo extra y que acá no se acepta débito.
tengo amigos. tengo proyectos y no tengo tiempo.
‘no existe la falta de tiempo, sólo existe una mala gestión de él’,
dijo alguien que seguramente tenga el tiempo que hace falta
para filosofar respecto de la falta de tiempo.
¿habrá heladerías en barcelona? ¿palmeras y lentes de sol?
¿tendremos california en barcelona?
creo que se podría hacer un catálogo, una descripción milimétrica de mi forma de ser,
a través de las sensaciones en el pecho que fui coleccionando.
la sensación de las canciones que me gustan, la de las sorpresas, la de mi euforia por algo que me gusta.
la sensación de cuando como muy rápido y el pecho ruega por una incisión en su centro,
la sensación del miedo (o del Miedo de William Gibson), la de mis descubrimientos,
mis aciertos y mis búsquedas insaciables por soluciones.
creo que no hay mayor acierto que el que haya aprendido que programando puedo saciar,
al menos en parte, ese anhelo por solucionarlo todo, un error a la vez.
me cuesta tanto escribir porque soy un personaje,
porque de pronto ya no soy tan invisible al universo,
un millón de urls me buchonean y apuntan sus dedos índices a mi,
y peor aún, a las cosas que puedo haber dicho. me cuesta escribir
porque temo
‘…’
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