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patanuk

lo escribí en el celular,
sentado en un sillón en una esquina de patanuk, un bar de bariloche

En este momento en particular soy feliz. Me había olvidado de lo importante que es obligarse a sonreír. Hoy dije tantas cosas que no sabía cómo pronunciar. Tuve miedo y dejé de tenerlo en lo que tarda un cometa en atravesar el cielo arriba de mi casa. Pensé en los futuros que no conozco y los futuros que no conocía en algunos de mis pasados. Soy alguien que no se caracteriza en particular por saber siempre qué decir, aunque siempre tenga una respuesta. Futuro amor de mi vida, yo te saludo. Dibujitos y garabatos improvisados en una docena de cámaras para ojos que atentos no se dejan engañar por los trucos que practico cuando nadie me ve. Cuantas canciones y qué voz tan linda me dijeron una o dos veces que tengo, sólo necesito un momento, tu atención y me encargo del resto. ¿Acaso pensar en vos sin saber tu nombre es una pérdida de tiempo? La banda sonora de este conflicto de intereses, cámara lenta para el accidente en el que me voy a convertir. Una sala entera llena de gente que no me puede ver y hablar, y no es porque esta vez sea otra vez un fantasma, es porque soy mucho más que eso. Este perfume que en cada oportunidad repaso antes de que se termine de disipar, ojalá lo pudieras sentir. Espero no aburrirte con este sinfin de sinsentidos. Aunque pueda dar esa impresión, no me limito a ser un sifón de ideas que no quieren llegar a ningún lado. Si alguna vez te aburro con mis anécdotas del universo, es sólo para robarte un beso, y todo porque no conozco una mejor manera de hacerlo.

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el sonido intermitente de la máquina de fax

escrito entre el 19 y el 25 de agosto de 2009

Todos tus defectos ahora no son más que virtudes y no hay un solo lado tuyo que no me agrade. Sos todo lo que quiero sin importar por donde mire. Nunca lloré tantas noches seguidas, o tanto tiempo, yo nunca lloro. No puedo perderte esta vez, nunca quise tanto a alguien como te quiero a vos ahora. –1:58 24/07/09:

No entiendo qué esta sucediendo, tampoco entiendo como. Hoy estuve más tranquilo, el día más tranquilo desde ese sábado. A pesar de quedarme en casa, olvidaba que salir es de lo que mejor me hace. También el moverme por algo me quita temores de los pensamientos. No puedo mirar un sólo rincón de mi casa, de esta ciudad, sin pensar en como sería a tu lado. Cada bar guarda un par de asientos para vos y para mi. Me cuesta pensar en tantas cosas, como si no estuviera dispuesto a raspar mi piel hasta sangrar para quitar cada último pensamiento puesto en ti. No quisiera tener que hacerlo ni en un millón de años. Cada recuerdo cuidadosamente arreglado en exposición, a vista de todos mis pensamientos. Tendría que remodelarme de tal manera que me tomaría años, quizás décadas, intentar lavar lo indeleble de tu presencia. Porque nunca nadie me llegó como vos, nadie me hizo tan poco y tanto en el mismo instante. Nadie se atrevió a tales audacias como las que te atrevíste vos. Sí el cielo pudiera envolverme en su azul y convertirme en nube, para no tener que encontrarme de nuevo con aquellas partes de mi que jamás te van a perder. No encuentro palabras y le hecho la culpa a los libros que no leí, porque temo encontrar entre sus páginas dedicatorias tuyas. Jamás ame a alguien como a vos.
–12:53pm 25/07/09

Compré chocolates y mientras firmaba el recibo comenzaba a verme en tantos momentos. Encontré una tranquilidad que fue difícil de alcanzar en este último tiempo. Esa tranquilidad a veces mentirosa. Son sólo chocolates, pero tengo tanto para decirte. Me encontré a mi mismo en habitaciones vacías tantas veces esta semana, llorando opiniones que no deberían hacerme algo en absoluto. Reconocer que aún no encuentro alguien que comparta mis ideas sin intentar tirarlas abajo y lastimarme al hacerlo. Y le escribo a un celular para tener ayudamemorias al momento de encontrarte otra vez entre mis brazos.

enviando mensajes de auxilio al futuro.

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sentado en el centro cívico

No es la gente que vive en este lugar, no es lo que esa gente pueda ofrecerme tampoco. Creo que uno de esos placeres gratuitos e inmensos que tuve la fortuna de conocer es sentarme en este lugar y escuchar algunas de mis canciones favoritas, con el frío que atraviesa la piel y te recuerda como funciona la atmósfera, el tibio velo invisible del sol sobre el cuerpo que te mantiene a la mejor temperatura. Los dedos adoloridos por lo que están pasando, las mejores ideas que se nos escapan por distraernos con pensarlas. La ida y vuelta geográfica constante a la que con toda voluntad me someto y disfruto. Tanta agua en un sólo lugar y un sólo momento. El viento que dibuja lo que vos quieras que dibuje sobre el horizonte. Siluetas a montones que desfiguran la tosquedad de tantos humanos completamente convencidos de ser los hijos de un ser superior que nos ha obsequiado tan inigualable experiencia, tan negados a reconocer su realidad de iguales con el medio que ocupan. Lo cegados que están y no por el imponente sol que se inclina sobre la ciudad, sino por la reticencia a reconocer lo absurdo de tantas de nuestras construcciones, justificadas meramente con nuestra capacidad de hacerlo. No hay mucho más que todo lo que podemos ver, y sin embargo es alarmante como se suele ver mucho más de eso invisible que nos sirve para dormir por las noches y creer que tenemos tantas capacidades únicas e inherentes a una alegada superioridad excesivamente arbitraria. Puedo reconocerme a mi mismo entre tanto barullo existencial. Nada va a cambiar.

escrito ayer al mediodía en mi teléfono celular.

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cof cof (no disparen)

en el colectivo volviendo de la facultad hice algo que hacía mucho que no hacía:
escribir notas en mi celular. extrañaba esa espontaneidad.

Una enfermedad que entra a través del cable conectado a mi cerebro. No puedo verla en ningún lado y nadie jamás presenta síntomas. A donde van los barbijos cuando llueve? Que alivio encuentro para mi propio orden en el mofarme del miedo ajeno. Pánico y locura en un colectivo de la línea 26. No hables, mentiroso, no digas una palabra más. Los vestigios del imperio por el que luchamos, el templo de lo innecesario y la falta de confianza. Voy a alejarme contra las paredes de este lugar para no tener que pensar en que estás cerca mío y lo peor podría pasar. Voy a mirar por la ventana del fin de los tiempos, mejor sería que cerrara los ojos. Corazones adoloridos por la especulación digna de la aritmética característica de los tiempos en que nos manejamos para vivir y morir. Cerrarle los ojos a una realidad que ya no existe, que ya no nos pertenece porque no le pertenece a nadie. Ni siquiera a aquel que empapela un planeta entero con su nombre, perdiendo el tiempo ante el miedo que lo amenaza. No voy a comer, mi fe puede mantenerme a salvo de lo que sea que yo quiera inventar ahora. El verano molecular en el que nos sentamos a ver la puesta de sol para un día en el que dormimos hasta tarde.  Busquemos trabajo entre los papeles tirados de una oficina en la calle más bonita de un país que no quiere serlo. Ciudadanos del mundo, tomemos el té, compartamos anécdotas y galletitas de aquellos viejos tiempos en que no existían años de algún metal, ni fines que no llevan a nada al final del día. Eclipse lunar prometiendo el cambio, el resultan de un partido jugado sin equipos. Sentados en la vereda como durante el verano del cohete, bebiendo y recordando que nada es tan terrible. Recorramos el día desde el ayer y hasta mañana.

Hasta mañana.

cuando caminabaa mi casa luego de bajar del colectivo
escribí otra.

Pongamos la mayor cantidad de lentejas en estar mejor. El barbijo podés dejarlo en casa para cuando pintemos un tiempo mejor. No temas el ensuciarte un poco las manos, sí me prometes lavarlas antes de comer. Niño burbuja dime cómo continuar. ¿Vendrán las palomas y nos comerán los ojos a los infieles? Finalmente Dios tendrá gripe porcina y a quién se le hubiera ocurrido que no existía tanto en realidad. Señor del amarillo dime como debo proteger a los que amo. ¿Acaso sabes la manera de escaparle a mi vecino? Cómo jugar en contra de un demonio que aunque no existe persiste en todos aquellos que se hacen llamar personas. Veinticuatro horas por dieciséis pesos. La cura para la subversión encontrada en el mejor amigo de un oso de peluche. Christopher Robin perdona nuestros pecados.

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notas de viaje – parte dos

Alégrate, aún no es el día final. No me iré por mucho tiempo. Déjate llevar, seré tu paracaídas. Puedo ver el infinito desde cualquier ventana si me lo propongo. Puedo verlo cuando camino a ningún lado y justo hacia vos por calles que si pudieran no tendrían nombre. Puedo ser yo mismo entre las gotas de lluvia que de a poco pierden el vértigo y cualquier tipo de vergüenza mientras puedo vivir sin ellas. Las personas se esconden bajo los aleros de los puestos de diarios como si supieran que este chaparrón va a terminar pronto, tan pretenciosas a veces las personas creyendo que pueden tener alguna idea del futuro. No importa qué forma tengan las nubes, si así lo quisiera la lluvia podría durar una eternidad. Pero nunca digas para siempre si no estás dispuesto a intentarlo. Quizás sea que no me gusta usar paraguas, quizás es la falta de costumbre o quizás sólo me gusta sentir cómo el agua encuentra su camino a través de los pliegues de la ropa y espera el momento justo para robar toda mi temperatura corporal en caso de que no haya un beso para mí en esos labios.

Si no consigues respuestas, haz mejores preguntas.

Azules profundos y otras canciones que alegraban a mis pies en la esquina de Mario Bravo y Córdoba. La panadería con sus siempre prendidas luces que no saben qué decir durante toda la noche, los autos y el ejército de taxis que vigila impecablemente las calles de la ciudad mientras algunos esperamos colectivos que no pasan y escuchamos veranos californianos en forma de canciones que sin piano sólo serían otra melodía en otros oídos. Parte del juego siempre es el factor sorpresa, un brazo intentando ahorcarme pero haciéndolo mal (así no se mata a una persona) y la orden innecesariamente grosera de que entregara mi reproductor de audio. Nunca tengo mis anteojos puestos, ni de noche ni de día, en ningún lado que alguien pueda verme, pero justo esa noche los tenía puestos. Se cayeron al piso cuando retrocedí unos pasos y hacia el medio de la calle, dejando que se levantara mi remera sobre mi cabeza. Cuando me recompuse estaba obstaculizando el tránsito en la calle, un taxi esperaba con tranquilidad a que me corriera y atrás estaba afortunadamente, muy afortunadamente, el colectivo que nunca pasa que yo me iba a tomar en primer lugar. Mis anteojos arruinados hace ya mucho tiempo en el piso y uno de los tres chicos que se agachó a tomarlos. “Se te cayeron los anteojos” – dijo el señor obviedad. “Dámelos” – sin mucho de amenazador en mi voz dije. “Dame el MP3 y te los doy” – respondió y sin un instante de duda le dije que los tirara, ni que pudieran romperse o rayarse más de lo que ya estaban. No pensaba correrme del medio de la calle, como resultado de mi lógica retorcida estaba seguro de que como mucho iba a conseguir que se bajara algún conductor a pegarme y en ese caso hasta podría pegarle también al imbécil que quería robarme pero se preocupaba por los cristales de mis anteojos. Mientras no dejara que pasaran los autos nada me iba a suceder. “Bueno, te los doy” – creo que dijo mientras repetía que los tirara, me los acercó tan poco como fue posible, los tomé y me subí al colectivo. Al menos esta vez no le dije a nadie que me disparara.

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notas encontradas

Es impresionante cómo el sistema educativo, o al menos la forma de trabajo adoptada por los docentes del secundario, o quizás sólo el de la mayoría de los profesores que me tocó tener me hace sentir que debo reprimir mis conocimientos. Algo está muy mal.

7:30am Vie 03/08/2007

A veces me pregunto sí yo fuera un tipo de sangre cual sería… ¿AB pudiendo recibir de todos? ¿O seré 0 pudiendo darle a todos y pudiendo recibir sólo de alguien igual..?

7:30am Vie 03/08/2007

A veces cuando pienso en las porciones de vida que me serví siento una necesidad por saber que hice sufrir a algunas personas.

7:30am Vie 03/08/2007

Probablemente gran parte de este devenir desafortunado de nuestra amistad haya estado directamente relacionado con ese leve (o no tanto) deseo de que alguien con esa importancia de hecho se jugara por mi y pudiera dejar su orgullo de lado. Supongo que vine a equivocarme al creer que mi amistad, o yo mismo, podía ser más importante que tu orgullo. Quería que algún día te disculparas y en enero yo pudiera saludarte con una carta y un llamado, para recibir esa invaluable retribución por ser tu mejor amigo. Es muy agotador tener que ser siempre el que está equivocado, el que tiene que disculparse para que sobreviva cualquier cosa en su vida.  Tener que siempre comerme el orgullo porque si no nadie hace nada, y no sólo ya mi estómago no da más, sino que cuando intento no hacerlo las consecuencias son exactamente las calculadas: es absurdo esperar tu llamada, esperar que cuando me hables muestres un tono de preocupación o arrepentimiento, aunque sea mínimo, en vez de prenderme fuego hasta que yo me disculpe por sólo haber intentado hacerme valer. Es tristísimo Lucía.

ca. diciembre 2007

Quizás mi mayor problema con mi memoria en cuanto a sentirme perseguido por fechas, personas, recuerdos y momentos, es que sin poder notarlo asumo que cualquier 1 de diciembre es aquel 1 de diciembre. Lo mismo con los 27 de septiembre, los 23 de cada mes, los 25 de diciembre, los 1 y 2 de enero, los 23 de mayo y casi todo el resto del calendario. No basta con culpar a mi memoria de volverse abrumadoramente efectiva, se trata de tomar una posición activa al respecto, y con eso no me refiero a tomar cada fecha y cambiarla por otra, sino asimilar el hecho de que cada fecha tiene su año, y con él su singularidad. Este 1 de diciembre no es el del año que viene, y no voy a volver a mencionar todas las fechas que indiqué antes, con una debería alcanzae. – Ruego poder desperdigar esta resolución por todo mi cuerpo cuanto antes.

ca. diciembre 2007

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tira del gatillo

¿Qué excusa le ponés a alguien para decirle que te vuela la cabeza sin que tenga una pistola humeante en la mano y tu cerebro pintando la pared?

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trámites

viernes 14 de noviembre de 2008

Es interesante como varios de los trámites que me tocó realizar en está segunda mitad del año relacionados a la facultad fueron tanto más simples que los anteriores, al punto de no durar más de 10 minutos a pesar de contar con un viaje de 40. Una de las cosas que más asusta al ingresar a la Universidad de Buenos Aires es la naturaleza burocrática de la misma, el papeleo, si se quiere. Supongo que una vez que se está dentro, siendo académicamente exitoso o no (como yo), algunas cosas se simplifican, quizás como un retorcido premio consuelo. El hecho es que si ahora que estoy en filosofía notara que no es lo mío, puedo cambiarme a Ingeniería en Alfombras en menos de diez minutos.

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sonrisas de supermercado

septiembre, 2008

Hay muy poca gente por la que aún finja una sonrisa.

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gustos

esta tarde, parada del 151, conde y virrey aviles

Si uno no puede decir que le gusta alguien que apenas conoce entonces dónde está el atractivo de las primeras impresiones. O quizás soy muy impresionable.

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