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Entre susurros esperaremos la próxima función

- ¡Abrigate!

Mi mamá me advirtió. El invierno puede ser tanto una molestia como una aventura cada vez que salimos de casa. En muy poco tiempo el paisaje había perdido la mayoría de sus colores y si me hubiera guiado por mis ojos tranquilamente podría ser todo parte de una película en escala de grises, los copos de nieve haciendo las veces del ruido en la imagen de las proyecciones cinematográficas. Envuelto en el silencio con el que empiezan todos los poemas invernales; el crujir de mis pasos me recuerda que aunque el horizonte se disuelva un poco más adelante ya no estoy en el mismo lugar desde el que partí.

Cada tanto interrumpe el sonido de una rama que ya no pudo soportar el azote del clima y cedió para llegar finalmente al suelo donde quizás se convertirá en la casita de una familia recién formada de liebres y algún día se convierta en lo que alimentará a un retoño de alguno de esos árboles imponentes que ahora me protegen de la nieve que cae con todas las intenciones de teñirme de blanco. La pregunta acerca del ruido que hace una rama cuando se rompe en el bosque y no hay nadie escuchando parece tan lejana cuando eres el personaje principal del ejemplo contrario.


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mi casa esta mañana

esta mañana me escribe mi papá
nieva en bariloche
y yo aquí,
en buenos aires.

¿acaso hay alguien de la audiencia que reconozca ese paisaje nevado?
¿no?
lo supuse, no esperaba que levantaras la mano.

¡a la facultad, batman!

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nieve alrededor II

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nieve alrededor

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no es inusual

tom jones.

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zombis en la nieve

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increíble… no sé de dónde salió o qué pero…
yeah.

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nieve del techo

idiota con pala

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pero con pantalones esta vez

encontrándonos en el cielo, viviendo en la forma de notitas pegadas en heladeras.
hablando de la distancia, la nieve que desde anoche cae y nos hace acordar.
yo sabía que iba a seguir cayendo. está en todos lados y se mete entre las medias.

de estrella en estrella, en las fantasías de viajes espaciales con sólo una toalla,
un balde de algún color ridículo y una soga… para poder volver a casa.

los sonidos apagados que puede que el frío, el blanco o los sueños nos den
de cada momento que pasamos sentados en algún lugar,
cuando nos encontramos seguros y sabemos que estamos.

todas las palabras para cantar, para que las cantes conmigo,
es la manera de aprender del frío,
de la lluvia cuando nos desacomodamos la campera esperando el colectivo
y no nos importa tener pelo que se moja y nos desarregla.
agradecemos porque la lluvia haga las veces de lágrimas que se secan
en el inconciente antes de salir a la superficie.

o la escena de tu película favorita
en la que ella le dice que va a guardarlas todas en un vasito.
nunca vi esa película con nadie.
aparte de mi infinita voluntad de hacerlo, siempre tuve el principio
al temor de que no le haga nada a nadie como me hizo a mi.
o desvanecerse en tus propios sueños
para llegar a consolarte y hacerte saber ‘es sólo tu propia idea, por eso vas a estar solo’.

no es que haya algún problema con estar solo.
esa vez que me sentó mi hermana para hacermelo entender de una buena vez
siempre estamos solos, el resto es la sensación de que nos acompañan.

pero los chicos que decían malas palabras y se vestían de monos decían
la vida es un camino sin rumbo que tomas solo
por eso mejor disfrutar el viaje
tomar el camino largo a casa

cantarlo bien o cantarlo con orgullo.

vi crecer a las personas enfrente mío, quejarme de mi propia edad por ser muy jóven
o hasta por fracciones de segundo acordarme de que hice mucho
para la cantidad de guerras mundiales que pude ver.

cuando me acuesto y veo esas luces, como si me apuntaran con una linterna
y abro los ojos para descubrir que no hay ningún reflejo molesto,
pienso en si van a ser mis deseos del futuro o mis ideas los primeros en dejarme esa noche.

hace muchísimo tiempo que no me voy a dormir
pensando en tener algún múltiplo de mi edad actual
y estar en algún tanto lejos como cerca,
después de todo es la filosofía de otras canciones la que se aplica.

rara vez pude escuchar bien
cuando alguien me cantaba, y sé que ella lo hacía por teléfono
cuando todavía eramos el rastro que iba quedando atrás
de lo que nunca ibamos a volver a ser.

escuchar a alguien.

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quiensea que

sigo bajando pero hago una pausa a mitad de la escalera y encuentro recuerdos de todas esas cosas que hacía cuando tenía tu edad o tus edades, después de todo no importa si son de hielo o si yo era un muñeco de nieve o si era de verdad después de todo, no tenés que preocuparte.

me gusta cómo suenan las cuerdas de las guitaras que nunca escuché, porque después de todo son como las chispitas que salen en las fotos cuando se refleja algo metálico y se desvían los rayos de luz. la majestuosidad de la física supongo. no de la física del secundario que hacen tan aburrida, sino de la otra.

encantador escuchar. la nieve, también, pero quedémonos con la parte de poder escuchar. o sentidos arácnidos inexistentes cuando sostienen por una fracción de aullido de lobo el extremo de tu brazo al momento de despedirte. creo que olvidé mencionar que además de mi no simpática memoria un tanto infalible tengo un sentido perturbado de observación. no me puedo detener de notar las cosas que no tienen sentido, pero no estoy tratando de decir que no me gusta a partir de esa etiqueta en la línea de tiempo de mi vida que me rocen así el brazo al momento de decirme ‘igual nos vamos a ver’.

efectos de sonido y sobre dramatizaciones. me dedico a hacer una escena de todo, pero es divertido. en el sentido más enfermo de la palabra supongo. aludiendo a haber caminado treinta minutos bajo la lluvia indecisa que se volvía nieve y volvía a cómo había empezado, escuchando viajes a norteamérica de ningún otro que mi mejor amigo, Esquilargo Giménez. un maestro del tiro de bochas sobre pelotas de ping pong y una buena manta hecha de los pedacitos de metal que vienen arriba de las latas, y no me refiero a una cota de malla, queridísimos sirgazorgos.

todos vamos a ser, pero no hablando de cantar gospel, sino en un sentido más amplio de la palabra, como cuando desdoblás un mantel, de esos de mesas largas… así de amplio.

todo lo que pido, todo lo que pido es mucho más. creo que le gusta música pero creo que a mí me gusta más. no sé cuales son mis planes, no pregunten. es decir, tengo ese plan y tengo ese otro también, pero creo que a veces tengo demasiada suerte. ya saben cómo es cuando hay demasiada, se desperdicia y al final no pasa nada.

me acuerdo de todos mis sueños y de mis escenas. y un día quiero ser el último sonido de alguien, no para ser como robert redford, aunque no recuerde alguna película con él pero Robert sí que es un excelente nombre.

la melodía no tiene nada que guardar cuando el último pedacito de sol se escapa por la ventana… realmente hay que hacer ventanas que impidan eso. no sé si tendrá que ver con esos vidrios de azúcar que se supone que usan en las películas para que johnny no se lastime al atravesarlas. supongo que sólo lo dejo, lo tiro sobre la mesa para ver si eventualmente despejo esa duda. quizás sólo se trate de ver a un enanito de jardín tocando el arpa. quién sabe… y no quiero la respuesta a esa pregunta.

tiremos los sombreros al aire y hagamos de cuenta que no le tenemos miedo a nada. aunque me gusta admitir cuando tengo miedo, sin hacer todo un problema de ello, claro está.

oh septiembre.

sé que me mirarías ahogarme antes de ver cómo se mojan tus manos. susurrame una vez, susurrame de vuelta.

.-

no dejes de bailar

de acá hasta la última vuelta que vaya a dar mi reloj
me voy a preguntar en dónde fallé
a dejar en claro

que todo
y lo digo en el sentido más amplio de la palabra

hubiera salido bien
si me hubieras llamado.

poner todo en negro no trae más color
como tampoco sacar colores de adentro de los brazos
va a hacerte sonreír más seguido.

feo es cuando no hay un lugar calentito
donde esconderse
cuando te nieva adentro.

.-