.-
Archivo de la etiqueta 'llamada'
escribí estas notas en mi computadora cuando viajaba de buenos aires a bariloche ayer a la noche
No creo que realmente me haya sorprendido ver ese auto tan lujoso, si bien un poco pasado de moda, al costado de la ruta. La chica tenía un par de perros atados con sus correas y sólo estaba entre los espaciados árboles que manchaban de cualquier manera con sombra lo verde del pasto al costado de la ruta.
Ricardo Arjona canta; me causó quizás cierta ternura cómo sonrió al final de una canción. A pesar de la sensación de desagrado que supongo es general con respecto a él y su trabajo, no me importa mucho al momento de ser simpatizado por una sonrisa.
No escribí una carta que esta mañana dije haber escrito, quizás estaba demasiado seguro de haberla escrito en mi mente mientras hablaba con vos por teléfono, mientras te escuchaba dormirte, cuando te perdías y tratabas de perderte en vos misma, cuando tu corazón podría haber dejado de latir.
No creo que tenga mucho que ver con el hecho de que no tuve mi guitarra por dos semanas pero fueron dos semanas bastante particulares. No tengo ganas de indagar realmente en el asunto.
Me gusta mucho sonreírle a la gente, empecé a desarrollar hace ya una moderada cantidad de tiempo una especie de noción con respecto a mi sonrisa. Llegué a sentir que una sonrisa puede ser superpoderosa. Me pongo a prueba y aunque no sé si realmente puedo medir muchas consecuencias (por el motivo que sea), sigo regalándole la expresión facial a las personas que me cruzo. Sea el momento que sea, trato de terminar o continuar las conversaciones sonriendo, me ayuda a disimular lo torpe que puedo ser a veces para decir algunas cosas. No puedo entender mucho cómo hago para arreglármelas para siempre tener las maneras más absurdas de decir las cosas más triviales. No voy a seguir y llegar al extremo de decir que me cuesta hablar y hacer un circo de eso, se me da bastante bien con la dialéctica, pero me parece que tengo una manera particular de intentar decir las cosas.
La manera más rápida de llegar a un lugar es tener una buena manera de distraerse cuando llegamos. Anoche esperé unos minutos, no fueron muchos pero al fin hacía frío en Buenos Aires y pude usar un abrigo dejando que escapara el cuello de la camisa. Es tan hermosa cuando está en pijama. Como si de pronto hubiera tenido alguna especie de delirio fuera de los libros de psicología y personificara a un disco rayado, le repetía que se veía tan linda. Intenté abrazarla por detrás, de a poco supongo vamos aprendiéndonos el uno al otro. De verdad se veía tan linda toda de rojo con el cuerpo mejor tallado debajo de ese pijama. Subimos y le pude dar un beso. Nos íbamos a extrañar, es decir, creo que nos vamos a extrañar. Rozando la demencia con una afirmación como la siguiente, no tengo problema en decir que estar con alguien luego del tiempo que sea, las noches de llamadas telefónicas, el silencio de biblioteca en nuestros cuartos cuando no queremos molestar y sólo nos preguntamos en dónde estará; si estará disfrutando su noche, la incomodidad de preguntarnos a nosotros mismos cuánto es que nos gusta extrañar a la otra persona y lo inexorable de la respuesta que se nos presenta cuando no podríamos estar con ninguna otra en ese momento… Todo eso sumado al brillo de sus ojos cuando cualquier destello se filtra entre su pelo; todo eso no importa una vez que llegamos. Cuando estoy ahí me sonrío y puedo creer reírme por dentro al notar cómo no me importa mucho por dónde anduve, cuánto tiempo pasó, cuanta gente se sentó al lado mío en decenas de colectivos o la ansiedad diaria que tanto me molesta cualquier día de cualquier semana cuando no alcanza con respirar para sentirla más cerca. Paralizado por las mismas palabras de la última vez, paralizado por las mismas palabras de siempre. ¿Cómo podría dejar pasar una oportunidad para decirte que te quiero? Aunque a veces lo diga tan fuerte que me olvide de pronunciarlo y sin sentido alguno esperara que pudieras deducirlo de la manera tan particular que tienen mis ojos de mirar como si nadie más en este mundo pudiera mirarte como yo; como si nadie más en este mundo pudiera ver dentro de mis ojos cuando eso sucede.
me gusta poder reconocer la influencia de ‘el guardián entre el centeno’ tan fácilmente en lo que escribo.
.-
Es impresionante cómo el sistema educativo, o al menos la forma de trabajo adoptada por los docentes del secundario, o quizás sólo el de la mayoría de los profesores que me tocó tener me hace sentir que debo reprimir mis conocimientos. Algo está muy mal.
7:30am Vie 03/08/2007
A veces me pregunto sí yo fuera un tipo de sangre cual sería… ¿AB pudiendo recibir de todos? ¿O seré 0 pudiendo darle a todos y pudiendo recibir sólo de alguien igual..?
7:30am Vie 03/08/2007
A veces cuando pienso en las porciones de vida que me serví siento una necesidad por saber que hice sufrir a algunas personas.
7:30am Vie 03/08/2007
Probablemente gran parte de este devenir desafortunado de nuestra amistad haya estado directamente relacionado con ese leve (o no tanto) deseo de que alguien con esa importancia de hecho se jugara por mi y pudiera dejar su orgullo de lado. Supongo que vine a equivocarme al creer que mi amistad, o yo mismo, podía ser más importante que tu orgullo. Quería que algún día te disculparas y en enero yo pudiera saludarte con una carta y un llamado, para recibir esa invaluable retribución por ser tu mejor amigo. Es muy agotador tener que ser siempre el que está equivocado, el que tiene que disculparse para que sobreviva cualquier cosa en su vida. Tener que siempre comerme el orgullo porque si no nadie hace nada, y no sólo ya mi estómago no da más, sino que cuando intento no hacerlo las consecuencias son exactamente las calculadas: es absurdo esperar tu llamada, esperar que cuando me hables muestres un tono de preocupación o arrepentimiento, aunque sea mínimo, en vez de prenderme fuego hasta que yo me disculpe por sólo haber intentado hacerme valer. Es tristísimo Lucía.
ca. diciembre 2007
Quizás mi mayor problema con mi memoria en cuanto a sentirme perseguido por fechas, personas, recuerdos y momentos, es que sin poder notarlo asumo que cualquier 1 de diciembre es aquel 1 de diciembre. Lo mismo con los 27 de septiembre, los 23 de cada mes, los 25 de diciembre, los 1 y 2 de enero, los 23 de mayo y casi todo el resto del calendario. No basta con culpar a mi memoria de volverse abrumadoramente efectiva, se trata de tomar una posición activa al respecto, y con eso no me refiero a tomar cada fecha y cambiarla por otra, sino asimilar el hecho de que cada fecha tiene su año, y con él su singularidad. Este 1 de diciembre no es el del año que viene, y no voy a volver a mencionar todas las fechas que indiqué antes, con una debería alcanzae. – Ruego poder desperdigar esta resolución por todo mi cuerpo cuanto antes.
ca. diciembre 2007
.-
por la naturaleza artificial de este espacio encerrado entre sitios de modelos
y sitios arqueológicos
creo que mi bloqueo actual
una suerte de bloqueo de escritor
se debe a una suerte de bloqueo espiritual.
o a que se borren las cosas que escribo.
siempre nos termina sorprendiendo.
… el clima, digo.
lo más curioso debe ser
que esa llamada que espero
a la que puedo aludir una y cuatro veces
dudo que llegue…
hace más de tres semanas que no tengo teléfono.
gracias telefónica de argentina, espero que se pudran en el infierno.
.-
de acá hasta la última vuelta que vaya a dar mi reloj
me voy a preguntar en dónde fallé
a dejar en claro
que todo
y lo digo en el sentido más amplio de la palabra

hubiera salido bien
si me hubieras llamado.
poner todo en negro no trae más color
como tampoco sacar colores de adentro de los brazos
va a hacerte sonreír más seguido.
feo es cuando no hay un lugar calentito
donde esconderse
cuando te nieva adentro.
.-


