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Esto es un desparramo de vivencias diarias y la oportunidad de hacer más que pública mi vida privada.
en el colectivo volviendo de la facultad hice algo que hacía mucho que no hacía:
escribir notas en mi celular. extrañaba esa espontaneidad.
Una enfermedad que entra a través del cable conectado a mi cerebro. No puedo verla en ningún lado y nadie jamás presenta síntomas. A donde van los barbijos cuando llueve? Que alivio encuentro para mi propio orden en el mofarme del miedo ajeno. Pánico y locura en un colectivo de la línea 26. No hables, mentiroso, no digas una palabra más. Los vestigios del imperio por el que luchamos, el templo de lo innecesario y la falta de confianza. Voy a alejarme contra las paredes de este lugar para no tener que pensar en que estás cerca mío y lo peor podría pasar. Voy a mirar por la ventana del fin de los tiempos, mejor sería que cerrara los ojos. Corazones adoloridos por la especulación digna de la aritmética característica de los tiempos en que nos manejamos para vivir y morir. Cerrarle los ojos a una realidad que ya no existe, que ya no nos pertenece porque no le pertenece a nadie. Ni siquiera a aquel que empapela un planeta entero con su nombre, perdiendo el tiempo ante el miedo que lo amenaza. No voy a comer, mi fe puede mantenerme a salvo de lo que sea que yo quiera inventar ahora. El verano molecular en el que nos sentamos a ver la puesta de sol para un día en el que dormimos hasta tarde. Busquemos trabajo entre los papeles tirados de una oficina en la calle más bonita de un país que no quiere serlo. Ciudadanos del mundo, tomemos el té, compartamos anécdotas y galletitas de aquellos viejos tiempos en que no existían años de algún metal, ni fines que no llevan a nada al final del día. Eclipse lunar prometiendo el cambio, el resultan de un partido jugado sin equipos. Sentados en la vereda como durante el verano del cohete, bebiendo y recordando que nada es tan terrible. Recorramos el día desde el ayer y hasta mañana.
Hasta mañana.
cuando caminabaa mi casa luego de bajar del colectivo
escribí otra.
Pongamos la mayor cantidad de lentejas en estar mejor. El barbijo podés dejarlo en casa para cuando pintemos un tiempo mejor. No temas el ensuciarte un poco las manos, sí me prometes lavarlas antes de comer. Niño burbuja dime cómo continuar. ¿Vendrán las palomas y nos comerán los ojos a los infieles? Finalmente Dios tendrá gripe porcina y a quién se le hubiera ocurrido que no existía tanto en realidad. Señor del amarillo dime como debo proteger a los que amo. ¿Acaso sabes la manera de escaparle a mi vecino? Cómo jugar en contra de un demonio que aunque no existe persiste en todos aquellos que se hacen llamar personas. Veinticuatro horas por dieciséis pesos. La cura para la subversión encontrada en el mejor amigo de un oso de peluche. Christopher Robin perdona nuestros pecados.
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acabás de titular el post en mi blog
hoy voté.
me aplaudieron.
llevaba un barbijo y no me lo puse.
si muero por la gripe porcina en unos días
recuerden que yo fui quien inventó los días
que no son días.
bruno
diaz.
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ojalá fuera un disfraz.
pero esa es mi bufanda
esos los auriculares que le regalé a mi viejo
esos los anteojos rayados con el skate
y el resto se puede deducir.
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said, it’s cold in this town
and there’s snow on the ground
far from home
not alone
i left you with nothing
and that’s what you ownyou’ll be alone this holiday
maybe light a candle
don’t say a prayer for me
feel alone
i left you the best time
make christmas your ownyou’ll be alone this holiday
i left you with nothing and that’s what you are.
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Nota sobre la etimología de la palabra “adolescencia”:
Es muy frecuente encontrarse hoy , sobre todo en ámbitos educativos, con una concepción acerca del significado de las palabras “adolescencia” y “adolescente” relacionada con una supuesta etimología que los mismos diccionarios se encargan de señalar con cierta ambiguedad y hasta con inexactitudes. Se hace derivar estos términos del verbo castellano “adolecer” que a su vez vendría del verbo latino adolescere que según los diccionarios significa: “..padecer alguna dolencia habitual; caer enfermo; fig. Tener o estar sujeto a vicios, pasiones o afectos, o tener malas cualidades, causar enfermedad o dolencia”.
Sin explicar porqué, estas definiciones aparecen en los diccionarios confusamente entre el significado anteriormente señalado y el de “crecer”. Es exacto que exista en latín el verbo “doleo”, emparentado probablemente con el griego “deleo” = herir, dañar y cuyo significado sería el de “doler, sentir dolor” y el incoativo “dolesco” = afligirse, apesadumbrarse. Pero de ninguna manera este verbo forma un compuesto con la partícula “ad” para significar “adolecer, sufrir” y menos para derivar en “adolescencia” Este fenómeno de manipulación lingüística se denomina “sustracción etimológica”. La deriva etimológica se ha dado históricamente a través del verbo castellano “adolecer” que ha venido a significar, carecer, faltar algo y que se lo hace derivar de dolesco = afligir, dolerse, caer enfermo.
Entre los romanos la adolescentia no era una edad donde se “adolecía de algo” o se sufriera. En latín la palabra adolescentia, proviene del verbo adolesco, que no deriva de ad y doleo, sino de ad y oleo y su incoativo olesco. Este verbo expresa la idea de “el crepitar de los fuegos sagrados; los que llevan y transmiten el fuego; el crecer, desarrollarse, desenvolverse la razón, el ardor” Además de esta temática etimológica es importante notar la implicación ideológica y pedagógica que esta sustracción tiene. Se desliza de un plus como es el significado que le daban los romanos (“el que porta el fuego de la vida nueva”) hacia un minus (“el que adolece, el que carece, el que le falta, tiene defectos o sufre”)
Esta deriva no es casual en sociedades donde se apunta a generar minusvalías (la mujer, las minorías raciales, étnicas, la marginación adolescente, etc.) Pedagógicamente hablando se generan dos concepciones antagónicas de la educación: una centrada en la supuesta “carencia del adolescente”, con el consecuente despliegue de estrategias tendientes a “llenar, cubrir, suplantar, etc.”, este vacío y otra centrada en el concepto (apoyado en la etimología) de “potencial, de crecimiento, de desarrollo hacia, de capacidad para ser desarrollada, etc.” de la cual derivaría toda una estrategia pedagógica que pone énfasis en que el adolescente “alcance logros adultos” y no en “esperar que se le pase la enfermedad de la adolescencia para entrar al mundo del adulto”.
Françoise Dolto lo ha expresado así : “La adolescencia es además un movimiento pleno de fuerza, de promesas de vida, de expansión. Esta fuerza es muy importante, es la energía de la mencionada transformación. Como los brotes que salen de la tierra, uno tiene necesidad de “salir”. Tal vez por eso la palabra salir es tan importante. Salir es abandonar el viejo cascarón que se ha tornado un poco asfixiante, es a la vez tener una relación amorosa. Es la palabra clave que traduce bien el gran movimiento que nos sacude” (“Palabras para adolescentes”) Este también es el sentido profundo que las culturas coya, quechua y aymará le dan al joven cuando recién nace: se entierra la placenta y se guarda el cordón umbilical en el fogón de la vivienda para pedirle a la Pacha y a los Achachilas, los antepasados que esta sangre nueva portadora de la sangre vieja permanezca manteniendo este fuego, esta cultura viva.
(Nota extraída del libro “Etimologías” del Lic. Rodolfo Valentini)
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quizás la depresión sea como un cáncer
aprendés a vivir con ella
hasta que finalmente te mata.
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