¡es tan difícil comer más de una vez por día!
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Esto es un desparramo de vivencias diarias y la oportunidad de hacer más que pública mi vida privada.
el problema es que de mi mismo para adentro
creo que soy demasiado para cualquier persona.
de mi mismo para afuera
creen que soy demasiado… diferente, por falta de una mejor palabra.
creo que valgo demasiado más que los demás
creen que soy uno más.
creo que soy demasiado poco como para cualquier persona
no hay nadie a quien pueda señalar entre una multitud
y pueda decir ‘esa persona se fijaría en mi’
principalmente porque en una multitud yo necesitaría
subirme al barril más alto, sólo para que vean mi cara.
y no es que va a pasar algo extraordinario cuando la vean
es decir… soy sólo ‘intentos de’
no tengo a quien extrañar,
nadie se quedó con un pedazo de corazón mío.
me pisotean en cualquier lugar al que vaya
me pisotean porque mido cincuenta centímetros
o me pisotean porque nunca estoy a la altura de nada
metafórica o figurativamente hablando, da igual.
la condición inicial para que me guste alguien
pero que me guste de verdad
es saber que no va a fijarse en mi.
y de las personas que tuvieron algo que ver conmigo
cuento con las manos de un sólo dedo
a quien volvería a prestar mi atención
y regalar mi tiempo.

dispararon por atrás de nuestras cabezas
y no tengo un gran autoestima
pero sé que tengo un narciso tamaño helicóptero.
y sé que no valgo mi peso en comida de perros.
‘si no te valorás/querés/apreciás/cuidás vos… nadie lo va a empezar a hacer’
no me cambia nada con eso.
‘cuando empieces a valorarte/quererte/apreciarte vos vas a ver que otras personas lo van a hacer’
sí, y Winnie Pooh es el mejor candidato para las elecciones de Estados Unidos.
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las chicas de la otra mesa no me vieron igual
me gustaba que no me importara sostener su mano en el medio del patio de comidas
del abasto.
me gustó poder decirle cómo me sentía
y me gustó interrumpirla para contarle eso que descubrí
que su voz puede hacerme.
que por eso la llamaba para pedirle que me hablara
“pero mi vida es muy sonsa!”
pero a mi no me importaba.
me encanta que me conozca más que yo mismo
me encanta que pueda mirarme diferente
a pesar de escucharme.
me gusta que me enseñe tantas cosas
y se le escapen casi secretos
o cosas que no dicen en voz alta.
“pero desde tu propio marco, no?”
claro que sí.
te quiero muchísimo.
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es la primera vez en bastantes días que como normalmente
a pesar de haberme servido una porción por debajo del tamaño normal
y me siento más que lleno
¿no será que estoy comiendo tan poco que de pronto
mis porciones se achicaron?
(aah soy todo un pensador científico yo)
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Mamá: Me encanta tu carrito. Me parece que hay muchos hidratos de carbono y pocas frutas y verduras :)
O como diría Ayrton: “Ah… La vida del estudiante.”
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(texto completo de ‘el cohete’ de ray bradbury)
Fiorello Bodoni se despertaba de noche y oía los cohetes que pasaban suspirando por el cielo oscuro. Se levantaba y salía de puntillas al aire de la noche. Durante unos instantes no sentiría los olores a comida vieja de la casita junto al río. Durante un silencioso instante dejaría que su corazón subiera hacia el espacio, siguiendo a los cohetes.
Ahora, esta noche, de pie y semidesnudo en la oscuridad, observaba las fuentes de fuego que murmuraban en el aire. ¡Los cohetes en sus largos y veloces viajes a Marte, Saturno y Venus!
-Bueno, bueno, Bodoni.
Bodoni dio un salto.
En un cajón, junto a la orilla del silencioso río, estaba sentado un viejo que también observaba los cohetes en la medianoche tranquila.
-Oh, eres tú, Bramante.
-¿Sales todas las noches, Bodoni?
-Sólo a tomar aire.
-¿Sí? Yo prefiero mirar los cohetes -dijo el viejo Bramante-. Yo era aún un niño cuando empezaron a volar. Hace ochenta años. Y nunca he estado todavía en uno.
-Yo haré un viaje uno de estos días.
-No seas tonto -dijo Bramante-. No lo harás. Este mundo es para la gente rica. -El viejo sacudió su cabeza gris, recordando-. Cuando yo era joven alguien escribió unos carteles, con letras de fuego: El mundo del futuro. Ciencia, confort y novedades para todos. ¡Ja! Ochenta años. El futuro ha llegado. ¿Volamos en cohetes? No. Vivimos en chozas como nuestros padres.
-Quizá mis hijos -dijo Bodoni.
-¡Ni siquiera los hijos de tus hijos! -gritó el hombre viejo-. ¡Sólo los ricos tienen sueños y cohetes!
Bodoni titubeó.