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canciones en línea

19 de enero de 2008

Las relaciones por internet son ilógicas. En particular me llama la atención como yo mismo dejo deliberadamente a la lógica de lado y no considero eso, quizás desesperando un abrazo digital, o sólo un abrazo de verdad.

También es cierto que no siempre puede contarse con lo que creemos contar en internet, como ejemplo un gran grupo de amigos. ¿Pero por qué alguien pasaría más tiempo en la computadora si lo que quiere está justamente afuera de ella? Ahí abrazamos a la falta de lógica, o mejor aún, a la lógica retorcida.

Se trata de encontrar un lugar propio en el mundo. Voy a adelantarme y afirmar que es una de las cosas más complicadas de a lo mejor los primeros 20 años de vida, pero no me equivoco sí digo que puede pasarse toda una vida sin encontrar ese lugar.
Al pensar en internet y las nuevas tecnologías y demás no puedo evitar hacer paralelos con situaciones similares pero ocurriendo hace poco más de 15 años, cuando los únicos que chateaban eran los astronautas.

¿Qué pasaba entonces si uno no encontraba su lugar? Me encantaría poder afirmar que lo pasaban mucho peor (o mejor), pero no creo que se trate de ninguna de las dos. Seguramente sólo fuera diferente, pero al ser más complicado anestesiar la sensación de no pertenencia quizás hasta fuera más productivo y promoviera el conocer más gente sin la intervención de ruiditos al entrar a la habitación o ridículos carteles en colores sobre sus cabezas citando canciones de moda o cuánto aman a Roberto, Luis o Esteban o a Marcela, Silvia, Lucía o Marla.
Creo que una manera de acercarse a entender algo de todo esto es pensar en necesidades emocionales y la manera de satisfacerlas, o de usar engañosos placebos en su lugar.

Ahora me pongo mi sombrero de fingir ser un experto en química y comento acerca de mi teoría probablemente plagiada y sin algún tipo de fundamento científico real sobre el efecto de los placebos emocionales.

OK bien, el sujeto de estudio voy a ser yo mismo, o fui yo mismo. Como sea, creo que es muy engañosa la situación de internet porque considero que puede afectarnos de la exacta misma manera que su situación homologa en la vida real.

Tomemos ejemplos para dejar las ambigüedades: ¿Qué tal pelearse con alguien por internet? Sin siquiera importar si conocemos personalmente a esa persona o no, puede afectarnos igual que una pelea en un bar (sin ojos morados) con uno de nuestros amigos físicos.

¿Qué tal un abrazo? Afortunadamente puedo decir que la situación en este asunto ya puede cambiar. Depende de cuánta carga emocional le pongamos a ese abrazo tipeado, o lo que sea con que lo carguemos. Y quizás hasta dependa de cuanto quisiéramos que fuera real.
Internet te presento a tu peor enemiga, Ilusión te presento a tu próximo mejor amigo. Pueden besarse.

Es la ilusión de que hay algo más, de que el otro es real o de que simplemente existe lo que nos atrae, y puede volverse viciosamente una cuestión especulativa.

Es esa ilusión la que nos rompe el corazón cuando Marta te dijo ’sos de las mejores personas que conocí!’ y vos pensáste que te lo decía porque secretamente soñaba con vos, pero 30 minutos más tarde se encontraba con el chico que le gusta de verdad.
O cuando te bajas del micro y la ilusión te está esperando con un ataque de risa.

(o un bate de béisbol)

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no saber nada es mejor que saberlo todo

en mi no-tan-productivo domingo, casi como en un nuevo tipo de rutina adquirida desde que volví a bariloche, me dedico a revisar de a poco los más de 50 DVDs que fui descargando y coleccionando a lo largo de los años. hoy me dediqué a ver Berth, el DVD de The Used. el mismo tiene un recital completo en Vancouver, Canadá, casualmente donde estuvo mi mejor amigo en el verano (en algún punto se lo mencioné, cuando en alguna noche de sexo, drogas, rock and roll, alcohol y muchísima programación en php para algún sitio escuché gritar ‘vancouver’ al cantante).

escuchaba este disco desde hacía un año y medio, pero nunca había visto la presentación en video.

disfruté muchísimo del recital y luego de la suerte de ‘documental’ que lo acompaña, donde pude conocer un poco a una de las bandas que más escuché durante los últimos dos años. tengo como testigo de ese dato el hecho de que tengo grabados sus discos desde la última vez que me quedé estudiando de noche (y de día, y en todo momento, prácticamente) cuando estaba estudiando para rendir quinto año libre. aún tengo esos discos escritos con marcador indeleble negro, cuando me dedicaba a hacerles el diseño y todo, siguiendo básicamente el mismo patrón para todos los discos pero bueno: tampoco tengo un gusto musical excesivamente variado.

de a poco me voy interesando más y más en cada asunto que consigue mi atención, es por eso que trato de cuidarme: una vez que quiero saber acerca de algo no me detengo hasta agotar los recursos en la materia. muchas veces prefiero no saber, al menos por mucho tiempo, cómo son físicamente los integrantes de una banda, o de dónde son o qué los mantiene despiertos por la noche… porque sé que sería sólo el principio de una carrera hasta saberlo todo. más de una vez me encontré a mi mismo confesándole a alguien que soy un adicto a la información.

no hacen falta las oportunidades en las que alguien está hablando acerca de, digamos, píldoras de control de natalidad (o anticonceptivas, en ese sentido) y puedo dedicarme a explicar desde su funcionamiento hasta su origen. por suerte veo a través de mis ojos las veinticuatro horas y no a través de los ojos de los demás: supongo que me asombraría lo friki que resultaría mi impresión en los demás.

y sobran ejemplos… pero hacen falta otros: ojalá en algún punto de nuestro recorrido a través de la curva del universo me interesaran los deportes tradicionales: ¡podría tener charlas espontáneas con tanta gente!

si tan sólo me interesara por un segundo el tenis, podría decirle a todos algún dato curioso de federer o nadal o… de lo que fuera.

y no es que no lo haya intentado… desde siempre fuí así. tenía seis años cuando al terminar de cenar explicaba algún dato curioso del universo y filosofaba acerca de cuestiones que descubriría cuatro años más tarde que estaban bastante acertadas. y a decir verdad, a esa edad me gustaba el fútbol. pero no podía relacionarme con la pasión por el mismo. ¡lo intenté! no me salía querer gritarle al televisor para que un jugador mejorara su rendimiento… maldita lógica inquebrantable que me es tan inútil la mayor parte del tiempo y cuando debería servirme se queda durmiendo en casa.
quería hacerlo, quería tener intenciones genuinas de quejarme, de sentirlo, de gritar al respecto pero… no.

volviendo al eje, quería aprenderme cosas que mis compañeros recordaban: formaciones enteras de equipos… varias decenas de nombres de equipos, jugadores, campeonatos… revisaba las páginas de los álbumes de figuritas, o los suplementos que nadie leía en mi casa: los de deportes.

pero no servía: podía recordar de principio a fin cómo se daba la fisión nuclear o para qué se usaba cada isótopo del uranio en la misma cuando tenía sólo nueve años, pero nunca pude aprenderme más de tres nombres de jugadores. maldita sea mi supuesta capacidad intelectual de la que hablaban las maestras.

por supuesto, luego de muchos intentos como buen científico llegué a la conclusión de que mis experimentos no iban a dar frutos y me di por vencido: sólo me limité a mencionar el equipo de fútbol con el que simpatizaba pero aclaraba que no me gustaba el deporte. a los diez años ya no jugaba más. tuve mi intento con el básquet a los siete años (si ahora mido un metro con sesenta y tantos centímetros imaginen a esa edad) pero ahí se quedó todo. lo mismo con la natación pero… no.

nunca fui bueno para el ajedrez tampoco (es un deporte).

recién conocí el único deporte que genuinamente disfrutaría a los doce años cuando empecé a hacer skateboard, pero es otra historia.
y aunque obviamente nunca fui bueno hasta el día de hoy puedo disfrutar practicarlo.

hoy pude sentirme más cerca a The Used y a su forma de ser. afortunadamente no cambió en absoluto mi impresión de ellos. lamentablemente no tengo con quién juntarme para ver este tipo de materiales. siempre me gustó la idea de eventualmente tener con quien compartir tantos aspectos de mi vida que nunca pude compartir. quizás alguien con quien compartir la música que me gusta, desde Sondre Lerche, pasando por blink-182, Angels and Airwaves, dando una vuelta por Frank Sinatra, y volviendo a Motion City Soundtrack, Armor for Sleep, The Used y quizás deteniéndome en mis gustos más flojos como Fall Out Boy o mi reciente respeto hacia Panic at the Disco. tengo tantos DVDs para ver, y los voy a ver solo. no me entristece en absoluto.

es decir, obviamente me puso muy triste mucho tiempo que fuera así. después de todo la adolescencia suele caracterizarse por nuestras relaciones sociales, pero la mía tuvo escasas. sin embargo hace algunos años me era más fácil compartir gustos con algunos de mis mejores amigos, cuando blink-182 todavía estaba dando vueltas… pero crecemos para diferenciarnos y no creo de ninguna manera que eso impida el relacionarnos, pero sí que lo hace más difícil al momento de compartir. es interesante conocer cosas nuevas a través de amigos, pero no siempre una relación desarrollada con anterioridad (en otra etapa de nuestras vidas) garantiza que podamos intercambiar gustos con alguien.

eventualmente va a aparecer alguien, pero nuevamente citando a the used:

well you’re never gonna find it,
if you’re looking for it,
won’t come your way,yeah
well you’ll never find it,
if your looking for it.

nunca vas a encontrarlo
si lo estás buscando
no vendrá hacia vos
nunca vas a encontrarlo
si lo estás buscando.

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EDIT: Ya tengo a Zim para ver DVDs conmigo. ¡Ven que si no lo están buscando aparece! Ahora voy a escribir sobre como siempre quise tener un auto…

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el científico

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