Archivo de la Categoría 'escribo yo vos no'

Palabras simples que nunca supiste pronunciar

Siempre me fue difícil entender cómo podías no preocuparte por lo que había de la ventana para afuera. Los últimos meses habían estado repletos de cartas de parientes lejanos, tardes de etiquetar todo lo que aún nos quedaba en la casa y recordar cómo solíamos sentirnos cada verano cuando el sol se despedía por el día y nosotros mutábamos en lo que fuera que nos convertíamos.

Tomé tu mano y deteniéndote mientras ordenabas te miré a los ojos intentando no atravesarte con mi mirada. No parecías querer decir nada, ni siquiera protegida como estabas por ese silencio. Quizás haya pasado medio minuto y algún distante sonido nos sirvió de excusa para volver a lo que estábamos haciendo. No volvimos a cruzar la mirada hasta que ya no había luz natural.

Tendido en el sillón, sosteniendo un vaso que llegaba a hacerme doler los dedos cuando olvidaba soltarlo, miré cómo se encendía la ciudad o lo que quedaba de ella. El edificio que solía hacernos sombra cuando tomábamos sol en el jardín ahora dibujaba siluetas en el resto del barrio. Los helicópteros zumbaban como los insectos, mucho más alto de lo que alguna vez haya estado, convirtiendo el cielo sin estrellas en un frasco con bichitos de luz que tan gustosamente veía desde el fondo.
Continuar leyendo ‘Palabras simples que nunca supiste pronunciar’

hacia la bahía

limpiaba el vapor del espejo del baño mientras recordaba cómo era la última vez que estabas esperándome del otro lado de la puerta. recordaba cada una de las líneas que intercambiamos como si no supiéramos que era todo parte de la misma escena en la que las cicatrices eran anécdotas que ni siquiera hacía falta recordar. apenas si me sacudía cuando estabas cerca y trataba de controlar mis nervios. sabíamos que estaba todo bien y no encontraríamos motivos para asustarnos aunque lo intentáramos con todas nuestras fuerzas.

¿cómo hice para sobrevivir? nunca tuve mala memoria pero no puedo imaginar cómo hice para seguir adelante. solté las amarras y con un poco de esfuerzo puse en marcha el pequeño motor de la lancha que encontré en la bahía. sabía lo que dejaba atrás pero con todo el coraje que pude recuperar salpicado entre mis cosas me dediqué a mirar hacia ese horizonte de fantasía y no volví la mirada una sola vez. si alguien me quiso decir algo no lo pude escuchar por las canciones que se escuchaban dentro de mi cabeza. quizás haya sentido el sudor frío por la espalda mientras el paisaje que me acompañó durante decenas de atardeceres y miles de mañanas frescas se disolvía como una pintura bajo la lluvia. no tengo miedo.

Continuar leyendo ‘hacia la bahía’

pero si me alejo demasiado jamás ganaré

Estoy bastante convencido de que me gusta mucho la persona en la que me convertí. Sin avisar aparece esta madama que cambia en un santiamén las ideas que tan artesanalmente hice de mi mismo durante los últimos un millón de años. Mi problema existencial a veces parecería ser una cuestión epistemológica sin más. Son los supuestos con los que me muevo o dibujo caminitos sobre mis mapas que terminan comiendo las paredes de mi cuerpo como si todas las mañanas desayunara ácido de batería con copos. Todas esas personas que como un catálogo de posibilidades me dieron tanto miedo y ganas de no ser así, de no ser yo, de no ser, quizás no pensaban exactamente lo que yo creí que pensaban como si siguieran al pie de la letra el manual para cruzarse en la vida de Valen. Lentes oscuros que no esconden mucho más que una mirada sincera sin una luz prendida en toda la casa. Trato de mantenerme positivo pero me cuesta creer que aquellas soguitas que dejé atadas en la entrada de la cueva para saber como volver sean una mejor opción que seguir y tratar de encontrar la salida del otro lado. Y no, te prometo que no me gusta prenderle fuego a las casas si todavía hay alguien dentro.

.-

[videoblog] moon

Imagen de previsualización de YouTube

moon en imdb
artículo original

El tagline que quería mencionar era:

The last place you’d ever expect to find yourself.

.-

[videoblog] aurora borealis

Imagen de previsualización de YouTube

lectura de esta entrada

.-

patanuk

lo escribí en el celular,
sentado en un sillón en una esquina de patanuk, un bar de bariloche

En este momento en particular soy feliz. Me había olvidado de lo importante que es obligarse a sonreír. Hoy dije tantas cosas que no sabía cómo pronunciar. Tuve miedo y dejé de tenerlo en lo que tarda un cometa en atravesar el cielo arriba de mi casa. Pensé en los futuros que no conozco y los futuros que no conocía en algunos de mis pasados. Soy alguien que no se caracteriza en particular por saber siempre qué decir, aunque siempre tenga una respuesta. Futuro amor de mi vida, yo te saludo. Dibujitos y garabatos improvisados en una docena de cámaras para ojos que atentos no se dejan engañar por los trucos que practico cuando nadie me ve. Cuantas canciones y qué voz tan linda me dijeron una o dos veces que tengo, sólo necesito un momento, tu atención y me encargo del resto. ¿Acaso pensar en vos sin saber tu nombre es una pérdida de tiempo? La banda sonora de este conflicto de intereses, cámara lenta para el accidente en el que me voy a convertir. Una sala entera llena de gente que no me puede ver y hablar, y no es porque esta vez sea otra vez un fantasma, es porque soy mucho más que eso. Este perfume que en cada oportunidad repaso antes de que se termine de disipar, ojalá lo pudieras sentir. Espero no aburrirte con este sinfin de sinsentidos. Aunque pueda dar esa impresión, no me limito a ser un sifón de ideas que no quieren llegar a ningún lado. Si alguna vez te aburro con mis anécdotas del universo, es sólo para robarte un beso, y todo porque no conozco una mejor manera de hacerlo.

Imagen de previsualización de YouTube

.-

[videoblog] un poco atortugado por las condiciones

Imagen de previsualización de YouTube
es la lectura de este texto

.-

más extraño que la ficción

hoy que hice tantas cosas
no sé si te extrañé por el mismo hecho de extrañarte.

a veces me extraña un poco
que cosas tan extrañas
nos puedan suceder.

sin duda cada rincón
de cada habitación
de esa casa que pisamos juntos
me hará recordarte.

pero así de extraña como resultó
nuestra historia
me extrañaría
que no siguiera sorprendiéndome.

.-

Volveré pronto y seremos otra vez

Con esa timidez característica me sorprendió cuando salía, y una gotita aquí y otra por allí empezaron a salpicarse las baldosas que tan cuidadosamente esta mañana algún portero habrá limpiado, como todas las mañanas. Seguí caminando, me puse mis lentes oscuros para esconder mi mirada, o quizás para hacerla más interesante, desenredé el manojo de cables que una hora antes todavía era un par de auriculares, intenté acomodar mi pelo para lo que venía. Esperé valientemente en la esquina a que cambiaran las luces mientras las personas tomaban tantas pero tantas decisiones difíciles. Se detuvieron los colectivos y por un segundo la tierra dudó si seguir girando o no, y la luz finalmente se puso verde. Yo sé que ellos sabían lo que se venía, no tenían ni una sola duda.

Las baldosas sin ningún problema empezaron a mutar en aceitosas sartenes y las zapatillas con una suela que no serviría para jugar al fútbol -como las mías- hacían las veces de milanesas que paso a paso dudaban si iban a poder dar el siguiente paso sin darlo en falso. Los colores de todo lo que tenía color comenzaron a cambiar y unos se pusieron más oscuros y otros se dieron vuelta por completo, otros desaparecieron y, quizás por efecto de mis lentes oscuros, se volvieron parte del gris que el cielo sin perder un segundo empezó a desparramar por la ciudad. No puedo contra la tentación… Cada vez que hay un atisbo de felicidad en mi pecho tengo que mirar al cielo. Siento desilusionar a alguno si no busco nada en particular, porque cuando miro al cielo es sólo porque quiero ver el cielo.
Continuar leyendo ‘Volveré pronto y seremos otra vez’

Y nunca más rasparse las rodillas al caer

Estaba llegando a la estación de servicio cuando afortunadamente recuperé aquella conclusión de que me encanta vivir y de que todo se arregla sonriendo más. Miré algunos de los autos que esperaban ansiosamente el cambio de luces y traté de distinguir alguno que pudiera reconocer. Por supuesto que no reconocí ninguno, fue una idea absurda desde el principio. Crucé la puerta y los empleados hablaban de algo que no pude entender. Espero no sea que tengo una necesidad innata de entender todas las conversaciones ajenas. Tomé una gaseosa y en el mostrador, haciendo una de esas famosas compras de último momento tomé un chocolatín. Le pagué al empleado mientras la chica linda que a veces atiende y que una vez me hizo ir hasta mi casa a buscar mi documento para pagar con tarjeta de crédito y volver miraba desde un costado. Siempre pienso en esas escenas hollywoodescas en las que uno toma coraje como si se tratara de tirar de un piolín en el bolsillo del pantalón y cuando ella pregunta “¿Algo más?” nuestro personaje le responde “Sí… ¿Me darías tu teléfono junto con esos caramelos?”
Cuando volvía a casa, en la oscuridad interrumpida por las luces de la calle no habían siluetas, no había nada. Creo que alguien desde un auto me miró. Caminé hasta la puerta y no la cerré con llave al dejarla atrás.
Tengo una bicicleta intergaláctica. Si alguna vez olvidé mostrártela es porque la guardo en ese cuartito abajo de las escaleras, el que mi hermana llama el “cuarto del muertito” porque dicen que el antiguo portero -el último que tuvo este edificio- fue encontrado ahí sin vida luego de encerrarse por unas semanas. Parece que lo querían echar y él se resistió. Pero no importa, tampoco sé mucho de esa historia, sucedió cuando yo todavía estudiaba electricidad en el secundario.
Nunca me puse a pensar realmente en lo que sea que la hace intergaláctica. El señor que la vendía, tan seguro de lo que decía, me dijo que perteneció a un tipo importante, a uno de esos que aparecen en todas las fotos con la misma cara y pareciera que nada pudiera afectarles. No me acuerdo bien qué era lo que ese tipo había hecho para ser famoso, pero esas cosas cambian con el tiempo y mejor no detenerse a indagar en el asunto. Quizás en algún momento, cuando este era un mundo de infinitas posibilidades y los cohetes salían todas las semanas llevando y trayendo sueños que evocaban tanta esperanza en los hombres normales, esa bicicleta servía para pasear por la luna. Hoy escuché una canción que decía algo de jugar golf en la luna, no me detuve en ella y seguí con lo que estaba haciendo pero, ¿acaso no sería un poco desesperante ver cómo tu bola se aleja hacia la oscuridad?
Quizás sólo se tratara de un chiste entre los empleados del negocio de bicicletas, pero cuando estaba subiendo las escaleras de mi edificio no pude evitar dejarme llevar por la idea de salir a pasear por el espacio que tan irrespetuosamente consideramos vacío y pensé en qué luces debería tener mi bicicleta. ¿Tendrá sentido ponerse esas lucecitas que se prenden y apagan en la espalda?

Y quién te dice, quizás te cruzás con alguien interesante en la bicisenda del espacio.

.-