Archivo de la Categoría 'héroe con H'

De máquinas que tiran monedas y chistes que sólo el 10% del auditorio pudo entender: mi primer ponencia

El miércoles 19 de octubre de 2011 presenté una ponencia sobre computabilidad, aleatoriedad y su posible relación con la Tesis de Church-Turing Física, en el marco de las I Jornadas de Estudiantes de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

La ponencia fue presentada en una mesa de Lógica y Filosofía del Lenguaje.

Abstract
«Adam Olszewski (1999) propone que la Tesis de Church-Turing puede ser usada para refutar el platonismo matemático1. Para ello postula una máquina que al lanzar una moneda define una función que “computa el valor (0 o 1) para la moneda n que se haya lanzado” y dice que dicha función es efectivamente computable pero no Turing-computable.

Entonces, dado que según el platonismo matemático (PM), toda función de enteros positivos a enteros positivos ya existe, existiría una función efectivamente computable pero no Turing-computable (computable por una máquina de Turing).

Esto contradice a la Tesis de Church-Turing (CT) que dice que toda función efectivamente computable es Turing-computable. Por contraposición, si CT es verdadera, entonces PM es falso. Rafał Urbaniak (2011) critica este argumento desafiando la afirmación de que lo que esta máquina de hecho realiza sea una computación. Revisaré dicha crítica y detallaré algunos puntos de la misma. Además introduciré la noción de Tesis de Church-Turing Física.»

Se trató de mi primer experiencia frente a un público afín a las cuestiones que estaba tratando. Sin duda lo disfruté mucho.

Empezaré a trabajar en un tema nuevo para presentarlo.

.-

no se pudo evitar (terminé siendo un robot igual)

.-

de un año que no se convirtió en calesita

escrito en mi viaje a bariloche, hace unos días

Mary Go Round,

Escucho Motion City Soundtrack y no se me ocurre mejor banda de sonido para mis recurrentes regresos a este lugar en medio de la nada, en el medio de todo.

Recorría con la imaginación un puñado de lugares que ya no sé si recuerdo con claridad. Este año fue el primero en mucho tiempo, o quizás el primero a secas, en que no recuerdo tantos detalles de situaciones que detesto, en que no hay tantos ridículos arrepentimientos -no recuerdo ninguno-, tiene ese extraño sabor a tranquilidad. Me dolería reconocer que estoy colgando mi capa, mi H mayúscula de héroe, y espero que ese no sea el caso. Lo ecléctico y a veces atormentado de mi vida alimentó decenas, sino cientos, de anécdotas, dragones en forma de micros de larga distancia domados por mi espada, doncellas que nunca quisieron ser salvadas -o que quizás preferían ser salvadas por otras doncellas-, cartas escritas como cables diplomáticos desde la embajada en mi corazón que a veces terminaron filtradas para preocupación del planeta.

Quizás esta vez estoy creciendo, aunque cada vez que digo eso me siento como ‘el niño que gritaba ¡lobo!’, hasta que ya nadie lo crea; o quizás eso sólo sea evidencia de que nunca se deja de crecer.

Pero terminando un año en que las aventuras estuvieron coloreadas con una paleta mucho más delicada que las anteriores me jacto de haber llegado con una familia más que la que tenía al principio, de seguir así cuando sea muy viejo voy a tener decenas de familias. Aunque quizás mi entusiasmo sea exagerado, me llamaron tío por primera vez, ¡respetando la semántica de la palabra!, jugué tanto como me gusta jugar y no olvidé como se hacía. Y ante previas preocupaciones que ya pasaron su fecha de vencimiento: esta vez me gusta pensar que para mi retorno habrá gente sinceramente esperando volver a verme.

Encontré, o al menos me acerqué enormemente a la orientación académica que me apasiona. Era un poco obvia, debo admitir en retrospectiva. Cualquiera con un poco de intuición detectivezca hubiera predicho que yo terminaría estudiando Lógica y trabajando para una organización dedicada a la promoción de la ciencia y el pensamiento crítico. Aquel niño que guardó su colección de piedritas en el altillo de la casa en que pasé mis primeros 17 años seguramente me miraría con aprobación y, principalmente, curiosidad.

Este año pasado de moda me vio peleando con fantasmas, peleando contra las supersticiones, las pseudociencias, contra los medievalistas, y me enseño por qué existen los horarios en que las chicas entran gratis a los boliches.

Y nos convertimos en dinosaurios, rugimos para bien y para mal, y como arqueólogos llegamos a conocernos hasta los huesos, que afortunadamente nunca quebramos.

Soy tan egoísta como la otra noche me dijiste que era, cuando me diste la noticia de que yo no voy a cambiar. Sabemos que Clarín miente pero ¿vos también?

A pesar de todo me siento agradecido con las personas que conocí y las relaciones que coseché con esta hermosa sonrisa que supe conseguir.

Brindamos por todo, y quizás en algún brindis me incluyeron. Teniendo en cuenta que se brindó también por Néstor —y él fue presidente—, debería notarse el halago.

Por un puñado de oportunidades más para desperdiciar, y otras para aprovechar. Que no te encuentre el frío antes que yo.

Valentín

Sent from my Android phone.

El salón de bienvenida

Aquí continúa la segunda parte del relato que comencé en febrero.

- Despierta… Todo salió bien. – dije mientras ella todavía dormía.
- ¿No se prendió ninguna de las luces, verdad? – preguntó Ornella entre bostezos.
- Ninguna. Todo salió bien.

Un par de hombres con ajustados trajes blancos y máscaras que tapaban sus caras vinieron en nuestro auxilio. Desde que habíamos llegado el aire comenzaba a humedecerse más y más. Nos ayudaron a soltar nuestros cinturones y nos dieron la bienvenida. Después de todo lo que habíamos pagado por este viaje era lo mínimo que podíamos recibir. Sin embargo, ni ella ni yo hubiéramos hecho algún reclamo. Su cara recobraba su color a medida que salía de su ensueño. Gentilmente los hombres de blanco la ayudaron a incorporarse.

- Estaremos esperándolos afuera, pueden tomarse el tiempo que necesiten. – dijo uno de ellos mientras abandonaban la sala.

Sentados en los descansos nos miramos. Los dos parecíamos más jóvenes que antes de partir. Comenzaron a descubrirse las ventanas. La luz violácea ganaba terreno mientras la iluminación artificial cedía.

flooded gravel pit - by Daniel Sun

Seguir leyendo en Yogur con Copos»

Entre susurros esperaremos la próxima función

- ¡Abrigate!

Mi mamá me advirtió. El invierno puede ser tanto una molestia como una aventura cada vez que salimos de casa. En muy poco tiempo el paisaje había perdido la mayoría de sus colores y si me hubiera guiado por mis ojos tranquilamente podría ser todo parte de una película en escala de grises, los copos de nieve haciendo las veces del ruido en la imagen de las proyecciones cinematográficas. Envuelto en el silencio con el que empiezan todos los poemas invernales; el crujir de mis pasos me recuerda que aunque el horizonte se disuelva un poco más adelante ya no estoy en el mismo lugar desde el que partí.

Cada tanto interrumpe el sonido de una rama que ya no pudo soportar el azote del clima y cedió para llegar finalmente al suelo donde quizás se convertirá en la casita de una familia recién formada de liebres y algún día se convierta en lo que alimentará a un retoño de alguno de esos árboles imponentes que ahora me protegen de la nieve que cae con todas las intenciones de teñirme de blanco. La pregunta acerca del ruido que hace una rama cuando se rompe en el bosque y no hay nadie escuchando parece tan lejana cuando eres el personaje principal del ejemplo contrario.


seguir leyendo…

cañita voladora conmigo

Se podían seguir las pisadas sobre la arena hasta donde ya no llegaba la vista y la costa se dibujaba como el rastro de una serpiente entre la ciudad y el mar. No me sentía muy cansado pero tampoco quería seguir caminando. Tenía aquella intuición de que estaba preparándose un espectáculo detrás de escena. Busqué en tus ojos de eclipse el brillo del sol que se preparaba para zambullirse en el océano.

Siempre me gustó que pudieras olvidarte de mi por momentos. Y no me refiero a los momentos en que me siento ignorado -sé que tratás de que eso no me pase-, sino a los momentos en que puedo mirarte sumida en vos misma. Me cuesta tanto preguntarte acerca de tus pensamientos. Confío, con cierta inseguridad, en que más tarde los compartirás conmigo.

seguir leyendo »

foto: lrargerich / CC BY 2.0

más de cien preguntas

bajo la sugerencia de mi amigo boris y siguiendo los pasos de Charlie McDonnell, pretendo realizar como primer proyecto con mi recientemente adquirida Kodak Zi8 (que recibiré en un mes) un video con más de 100 preguntas en menos de 3 o 4 minutos… ¿me ayudarían?

en formspring.me/valenzine pueden preguntar lo que sea.

el video que sirvió de inspiración es el siguiente:
Imagen de previsualización de YouTube

las preguntas pueden ser anónimas o con firma, queda en ustedes.

¡muchas gracias!

.-

sólo quiero mantenerte aquí

Te miré toda la clase. Tenías calzas negras y un libro muy llamativo sobre tu pupitre. Cada tanto sacabas una fotocopia de tu carpeta y volvías a guardar todo en su lugar. Me preguntaba si te darías cuenta de que te miraba en cada oportunidad que tenía, creo que nunca llegaste a atraparme. Mantenías tu bolso con decorados de metal sobre tu regazo. En retrospectiva creo que puedo sentirme mal por haberme fijado en vos… ¿Quién soy yo para haberlo hecho?

Durante la segunda media hora me dediqué a proponerme preguntarte tu nombre cuando terminara la clase. Fue un pésimo error, mi cerebro comparable con una Ferrari ya estaba encargándose de mostrarme todas las razones por las que no debía hacerlo. Desafortunadamente, cuando se trata de desalentarme no hay nada tan efectivo como él. Pasó aún más tiempo y volví a proponérmelo, tratando de no pensar mucho para que no se avivara el oso que duerme en un rincón de mi cabeza y sale para asustarme cada vez que puede. Mientras trataba de pensar en lo que mencionaba la profesora y luchaba contra el sueño, me distraía siguiendo el recorrido de tu pelo sobre tu ropa. En tu mano izquierda tenías un solo anillo, pero en la mano derecha tenías varios más… ¡Qué lindas manos!

Quizás estés ahí para la próxima clase, y quizás yo ya haya leído los apuntes. Me pregunto cómo te estará yendo en la facultad. Supongo que lo que más lamento de todo esto es que la semana que viene yo ya no seré yo y supongo que lo mismo podría sucederte.

Ojalá encontrara la manera de refutarme más eficientemente. Ojalá algún día conozcas mi perfume.

.-

La imagen: [auro] / CC BY-NC-ND 2.0

simpatía de frambuesa

Estuve todo el día pensando en vos. Me levanté y apenas pude me puse a ordenarlo todo. Creo que me conocés lo suficiente como para saber que hay algunas cosas que necesito hacer para sentirme cómodo. Aproveché y limpié toda la habitación. Me da lástima haber arruinado dos cubrecamas con sangre.

Canté desde el fondo de lo que soy hasta que mi garganta me recordó que me estoy enfermando. Tomé un té y rompí una taza. Aunque sabía que no iba a poder realmente arreglarla, pegué todos los pedazos  y noté lo bien que me hacía ese pasatiempo. Quizás eso diga más de mi personalidad que las biografías que puedo esbozar sobre mesas de bares usando la humedad que dejan los vasos sobre la superficie como tinta.

Recorté notas de mi guitarra mientras trataba de dibujar el recuerdo que tengo de tu cara en el aire de mi habitación. Es extraño que haya dicho el recuerdo de tu cara, es decir… ¡A veces olvido que aún no te conozco!
Seguramente haya soltado un puñado de suspiros mientras trataba de pescar las palabras que se evaporaban hasta unirse a las marcas de humedad en el techo. Tu perfume a recuerdos inexistentes.

Pasé incontables horas frente al monitor y le di suficientes indicaciones a esta computadora como para poder sentirme útil.

¡Cómo quisiera desordenar tu pelo! Con todo el cuidado que pudiera tener me encargaría de arreglártelo como más quisieras. O quizás como yo más quisiera, hasta que tengas un espejo enfrente podrían pasar horas, años, meses o quizás unos minutos. Quisiera despertarme en el rinconcito de tu cuello donde alguna vez pensé en dejarte marcado mi nombre, pero en vez de usar una navaja te di un beso. A veces los besos pueden ser incluso más dolorosos que cualquier corte.

Me encanta hacer mi cama. Me encanta levantarme y dejar todo en su lugar. Poner música y demorar el comienzo del día. Mi pelo puede ser tan extraño apenas me levanto. Es tan refrescante bañarse cuando decidimos empezar el día. Hay días que nunca llegan a comenzar y hay días que no son días. ¿Te acordás cuando te dije que ese día sí había sido un día? Probablemente mis recuerdos se estén desdibujando por el lento paso de los trenes y colectivos. Quizás si un día nos acostamos y cerramos bien fuerte los ojos, nos tomamos las manos y tratamos de concentrarnos podamos sentir el subte pasando a unas cuadras de acá. Tratá de recordarme esto por favor.

Esperé hasta que el cielo se hubiera tragado el sol para preparar algo de comer. Mi hermano bajó y nos saludamos. Podría quedarme pensando en las gotas de agua cayendo por mi cuerpo durante mucho tiempo. De la misma manera, podría quedarme muchísimo más tiempo pensando en la manera en que el agua caía por tu cuerpo cuando te terminabas de bañar. ¿Cómo puedo terminar de recordar todo aquello que no sé si sucedió? Quizás una mejor pregunta podría suponer una manera de olvidarlo todo.

Me gustaría que existieras. Sé que digo todo el tiempo que no existo, o que voy a dejar de existir (todo el tiempo me meto en esos problemas de retórica, lo sé, pero nadie nunca me dice nada y me salgo con la mía), pero en tu caso es un poco peor. De verdad creo que no existís. ¡Ojalá vinieras a demostrarme lo contrario!

Soy una máquina y vos sos tan sensible.

Tengo tantas cosas nuevas para contarte. Hace meses que conseguí nuevos documentales sobre Egipto, recién ahora los estoy descargando. Cómo me gustaría saber tu teléfono para llamarte con ese entusiasmo marca registrada que puedo proyectar cuando quiero contar algo que aprendí. Podría contarte de la batalla de Megido o podría contarte secretos que nadie más sabe excepto yo.

¡Cómo me gustaría mostrarte cómo funciona el universo usando tus manos para mis ejemplos!

Me acuesto llorando casi todas las noches. Me hago tantas preguntas… Y muchas de ellas no tendrán respuesta hasta que aparezcas. Te estoy esperando. Espero nunca temas decirme todo lo que tengas para decirme. Seguramente la próxima vez habré aprendido nuevas canciones. Espero esta noche no llorar. Olvidé tomar mi pastilla para dormir. Quizás pueda acostarme al sonido de nuestras risas. Se escuchan a lo lejos. Reímos juntos.

.-

¿cara de maestro particular?


eso espero…

.-