las chicas de la otra mesa no me vieron igual
me gustaba que no me importara sostener su mano en el medio del patio de comidas
del abasto.
me gustó poder decirle cómo me sentía
y me gustó interrumpirla para contarle eso que descubrí
que su voz puede hacerme.
que por eso la llamaba para pedirle que me hablara
“pero mi vida es muy sonsa!”
pero a mi no me importaba.
me encanta que me conozca más que yo mismo
me encanta que pueda mirarme diferente
a pesar de escucharme.
me gusta que me enseñe tantas cosas
y se le escapen casi secretos
o cosas que no dicen en voz alta.
“pero desde tu propio marco, no?”
claro que sí.
te quiero muchísimo.
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Que combinación extraña.