Archivo Mensual de Agosto, 2008

carta a una ex-novia

No te amo. No estoy enamorado de vos. No me interesa seguir sabiendo de vos.
No te necesito. No quiero lastimarte. No quiero seguir haciéndote mal.
Quiero que encuentres algo en tu vida, y que no tenga que ver conmigo.
Quisiera que no me escribieras más. Quiero estar lejos de vos.

Por favor no me respondas nada. Por favor no me pidas explicaciones. Las tenés muchas a montones.
Ya lo sabés todo. No quiero más mensajes de texto. No quiero que vuelvas a confiar en mí.
No quiero que vuelvas a necesitarme. No quiero hablar ni explicar nada más.
Por favor respetá todo lo que estoy diciendo y por favor no me respondas. No me digas nada más.
No vuelvas a acercarte a mí, te lo ruego. No quiero recibir nunca más nada tuyo o que tenga que ver con vos.
No pienses en llamarme. No hagas de esto algo más complicado.

No estoy muerto, y no tengo pensado estarlo pronto, pero en tu vida, lo estoy.

Fue un placer haber vivido lo que vivimos, y sin duda voy a guardar nuestros recuerdos en un lugar especial en mi.
Sin duda crecí mucho por vos y todo cambió por haberte conocido. No dudes de cuanto aprecié y aprecio todo.

Buenas noches y buena suerte,

Valentín

por supuesto que respondió.

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¿y puedes oír el sonido de…?

¿Amigos de internet?

Pff.

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donde estabas (cuando más te necesitaba)

Back to where we left off, baby.
“How you been and what’s been new with you lately?”
Just forget it, it’s the same old runaround.
You build me up just to let me down.
Down!

Just forget it, it’s the same old runaround,
Just forget it, just forget it.

.-

sírvase leer

melodías de domingo por la mañana

.-

pero con pantalones esta vez

encontrándonos en el cielo, viviendo en la forma de notitas pegadas en heladeras.
hablando de la distancia, la nieve que desde anoche cae y nos hace acordar.
yo sabía que iba a seguir cayendo. está en todos lados y se mete entre las medias.

de estrella en estrella, en las fantasías de viajes espaciales con sólo una toalla,
un balde de algún color ridículo y una soga… para poder volver a casa.

los sonidos apagados que puede que el frío, el blanco o los sueños nos den
de cada momento que pasamos sentados en algún lugar,
cuando nos encontramos seguros y sabemos que estamos.

todas las palabras para cantar, para que las cantes conmigo,
es la manera de aprender del frío,
de la lluvia cuando nos desacomodamos la campera esperando el colectivo
y no nos importa tener pelo que se moja y nos desarregla.
agradecemos porque la lluvia haga las veces de lágrimas que se secan
en el inconciente antes de salir a la superficie.

o la escena de tu película favorita
en la que ella le dice que va a guardarlas todas en un vasito.
nunca vi esa película con nadie.
aparte de mi infinita voluntad de hacerlo, siempre tuve el principio
al temor de que no le haga nada a nadie como me hizo a mi.
o desvanecerse en tus propios sueños
para llegar a consolarte y hacerte saber ‘es sólo tu propia idea, por eso vas a estar solo’.

no es que haya algún problema con estar solo.
esa vez que me sentó mi hermana para hacermelo entender de una buena vez
siempre estamos solos, el resto es la sensación de que nos acompañan.

pero los chicos que decían malas palabras y se vestían de monos decían
la vida es un camino sin rumbo que tomas solo
por eso mejor disfrutar el viaje
tomar el camino largo a casa

cantarlo bien o cantarlo con orgullo.

vi crecer a las personas enfrente mío, quejarme de mi propia edad por ser muy jóven
o hasta por fracciones de segundo acordarme de que hice mucho
para la cantidad de guerras mundiales que pude ver.

cuando me acuesto y veo esas luces, como si me apuntaran con una linterna
y abro los ojos para descubrir que no hay ningún reflejo molesto,
pienso en si van a ser mis deseos del futuro o mis ideas los primeros en dejarme esa noche.

hace muchísimo tiempo que no me voy a dormir
pensando en tener algún múltiplo de mi edad actual
y estar en algún tanto lejos como cerca,
después de todo es la filosofía de otras canciones la que se aplica.

rara vez pude escuchar bien
cuando alguien me cantaba, y sé que ella lo hacía por teléfono
cuando todavía eramos el rastro que iba quedando atrás
de lo que nunca ibamos a volver a ser.

escuchar a alguien.

.-

ezequiel

siempre me voy a acordar de que sabías tocar la canción de misión imposible
y que te era fácil andar en skate.

que me invitaste ese mediodía a tu casa
y siempre me pareció raro el olor de tu auto.

que me mostraste todos tus juguetes extraños
y que siempre sonreías así como yo no entendía.
pero justo ahora creo que hace muy bien
que lo que más me acuerdo es de tu sonrisa
y del sonido de tu risa y de tu voz.

del sonido de tu risa.
y de lo brillante de tu sonrisa.

y de esos mediodías en el colegio
que no se sabía quién hacía programa con quién
y de que me daba cosa que fueramos amigos
porque ibas al mismo grado que mi hermano.

caminamos al lado de los nuevos bancos
y nos reímos de las anécdotas
y de qué particular sos.

de las cosas que le enseñaste
y las que a veces pudo aprender y otras no
porque tenés demasiado para enseñar.

siempre brillaste, de eso nos acordábamos,
de que siempre te destacaste.

desde ayer que sólo es tu sonrisa
y estás en cada vela.

Me cuesta mucho usar las palabras en pasado. Cada vez que me acuerdo tengo que inducirme la idea de que ya no estás y espero que digan que no es cierto. Descubro como no sé si en vez de vivir muchas emociones fuertes no vivo nunca ninguna en absoluto. Y hoy quisiera sacar las melodías de mi cabeza y hacerlas guitarra para vos.

me cuesta creer que es cierto
y ya pienso en que estás en todos ahora.

vas a estar en mí siempre.

.-

quiensea que

sigo bajando pero hago una pausa a mitad de la escalera y encuentro recuerdos de todas esas cosas que hacía cuando tenía tu edad o tus edades, después de todo no importa si son de hielo o si yo era un muñeco de nieve o si era de verdad después de todo, no tenés que preocuparte.

me gusta cómo suenan las cuerdas de las guitaras que nunca escuché, porque después de todo son como las chispitas que salen en las fotos cuando se refleja algo metálico y se desvían los rayos de luz. la majestuosidad de la física supongo. no de la física del secundario que hacen tan aburrida, sino de la otra.

encantador escuchar. la nieve, también, pero quedémonos con la parte de poder escuchar. o sentidos arácnidos inexistentes cuando sostienen por una fracción de aullido de lobo el extremo de tu brazo al momento de despedirte. creo que olvidé mencionar que además de mi no simpática memoria un tanto infalible tengo un sentido perturbado de observación. no me puedo detener de notar las cosas que no tienen sentido, pero no estoy tratando de decir que no me gusta a partir de esa etiqueta en la línea de tiempo de mi vida que me rocen así el brazo al momento de decirme ‘igual nos vamos a ver’.

efectos de sonido y sobre dramatizaciones. me dedico a hacer una escena de todo, pero es divertido. en el sentido más enfermo de la palabra supongo. aludiendo a haber caminado treinta minutos bajo la lluvia indecisa que se volvía nieve y volvía a cómo había empezado, escuchando viajes a norteamérica de ningún otro que mi mejor amigo, Esquilargo Giménez. un maestro del tiro de bochas sobre pelotas de ping pong y una buena manta hecha de los pedacitos de metal que vienen arriba de las latas, y no me refiero a una cota de malla, queridísimos sirgazorgos.

todos vamos a ser, pero no hablando de cantar gospel, sino en un sentido más amplio de la palabra, como cuando desdoblás un mantel, de esos de mesas largas… así de amplio.

todo lo que pido, todo lo que pido es mucho más. creo que le gusta música pero creo que a mí me gusta más. no sé cuales son mis planes, no pregunten. es decir, tengo ese plan y tengo ese otro también, pero creo que a veces tengo demasiada suerte. ya saben cómo es cuando hay demasiada, se desperdicia y al final no pasa nada.

me acuerdo de todos mis sueños y de mis escenas. y un día quiero ser el último sonido de alguien, no para ser como robert redford, aunque no recuerde alguna película con él pero Robert sí que es un excelente nombre.

la melodía no tiene nada que guardar cuando el último pedacito de sol se escapa por la ventana… realmente hay que hacer ventanas que impidan eso. no sé si tendrá que ver con esos vidrios de azúcar que se supone que usan en las películas para que johnny no se lastime al atravesarlas. supongo que sólo lo dejo, lo tiro sobre la mesa para ver si eventualmente despejo esa duda. quizás sólo se trate de ver a un enanito de jardín tocando el arpa. quién sabe… y no quiero la respuesta a esa pregunta.

tiremos los sombreros al aire y hagamos de cuenta que no le tenemos miedo a nada. aunque me gusta admitir cuando tengo miedo, sin hacer todo un problema de ello, claro está.

oh septiembre.

sé que me mirarías ahogarme antes de ver cómo se mojan tus manos. susurrame una vez, susurrame de vuelta.

.-

igual no eramos amigos

que lindo es escuchar

.-

luces en el parque

lights in the car in the park,
i’m falling on my face i know who we are…
and i ain’t looking down for the rest of the night
a bullet in my head ended late last night…

it’s in my head.

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mantenienme lejos

escrito en el celular esta tarde mientras iba a trabajar
y luego cuando volvía

No hubiera podido predecir el puñado de horas pasada la media noche de anoche.
Esta mañana mientras el efecto de la melatonina se disipaba de mi cuerpo le pregunté a mi mamá qué hora era. Como todas las mañanas estaba trabajando en su estudio al lado de mi habitación. Ya casi eran las 11. Dormí 6 horas.

Me levanté de buen humor. Quise tomar un café durante toda la mañana y pasado el mediodía, pero nunca lo hice.

Puse Scrubs. Estoy por terminar de ver mi colección completa y se va mi temor: el ya no poder reírme y dejar a los guionistas hacer lo que quieran con mi sistema nervioso central una vez que terminen todos los capítulos. Esta mañana después de varios días de “me cambia el humor, no estoy triste ni deprimido pero si pudiera lloraría” finalmente pude llorar así como nadie puede hacerme con una muerte.

Me gusta vivir emociones a través de vidas de otras personas que no existen, como un medio de encontrar un escape a mi propio desconcierto cuando me encuentro todas las mañanas con mapas que no puedo leer y algunas pistas que cuidadosamente dejé para mi mismo las noches anteriores con la ilusión de poder entenderlas justo antes de que caiga la noche otra vez.

Sin duda cada día es diferente al otro, pero eso no significa que no vayan a pasarnos las mismas cosas cada día. Después de todo es el calendario que está entre los pulmones, o arriba del pancreas y un poquito por encima de esas otras cosas que hay, el que nos impide tachar algunos días, sin importar si pasaron hace varias elecciones en países subdesarrollados en el medio oriente.

Me gusta como estoy escribiendo menos mensajes de texto, lejos de superar mi compulsividad literaria intento separar la concepción del cariño ajeno, del importarle a alguien, de la amistad o quizás del interés personal mismo con el no recibir un sólo mensaje por 48 horas. Al final del día vas a estar igual de solo, igual de triste o igualmente desencantado con la vida, recibas mensajes o no.

No pasa lo mismo con la voz, y si bien algún tecnócrata fanatizado podría discutirme que la voz es muy del siglo pasado (o del anterior), tomo como un hecho empírico personal la cualidad de la voz en materia de relaciones interpersonales. Poder relacionar la voz de alguien con tranquilidad, con amistad, seguridad, apoyo, cariño.. Le pasa el trapo a cualquier mensaje de texto. Supongo que es un beneficio para la gente que no opina como yo… Es decir, quienes no atienden el teléfono cuando llamás. Porque no quieren escucharte.
A los que les alcanza con mensajes de texto. Lo bueno de eso, de que te haga bien un mensaje de texto pero no una llamada, es que una persona muerta puede enviar mensajes de texto, puede dejar una colección de mensajes para enviarse quizás marcados en un calendario para ser entregados en algún momento y… ¡Te daría lo mismo!

Cuando me tomo el colectivo para volver de donde trabajo, cuando ya es más tarde que la hora del té en Londres, el frío me lastima los pies. La gente no me mira.

Y naturalmente vuelvo a recordar todas esas cosas que me hicieron querer irme. El no importar en esta ciudad que se quedó perdida en los matices del clima patagónico.

Me acuerdo de cómo llevaban sus vidas los demás. De cómo va a salir la gente de sus colegios y de cómo ya no debería importarme eso porque salí del sistema hace más de veinte meses. De los horarios de los colectivos. De los teléfonos de mis amigos.

Hoy contaron conmigo. Me sentí bien de que me llamara mi mejor amigo para decirme que no podía con el estudio, supongo que volví a serle útil, al fin. Me escribió Mat, mi mejor amigo, para decirme algo que me dejó la sonrisa mejor que después de lavarme los dientes. Y estuvo bien.

Trabajé toda la tarde haciendo lo que más fácil me sale: trabajo de pseudo-programación muy mecanizado. Traducir líneas de código y pescar información para conseguir lo que busco. Estoy aprendiendo mucho. Y mientras tanto… Está bien.

Trato de aprender de mi mismo y buscar palabras en mis ratos libres para saber qué decirle a los demás. Pero a pesar de llamadas largas de larga distancia en las que constantemente dudo de mi mismo y temo decepcionar al otro sabiendo lo fácil que es… Sé que al final del día no tengo las palabras.

No tengo las palabras para ella que no se quiere y me hace sentir que mis palabras no valen nada, porque nunca le valieron cuando quise decirle que era linda. No tengo las palabras para ella que trata de hacerme ver que valgo más que mi peso en choco crispis. No tengo las palabras para ella que me necesita y yo no existo. No tengo las palabras para ella que apenas me conoce, pero por suerte tengo muchas otras guardadas en rincones escritos en UTF-8 para que encuentre. No tengo las palabras para decir que no sé qué hago. No las tengo para responder por qué estoy acá, o cual es mi plan.

No tengo las palabras para justificar por qué es así. Se me acaban las teorías, las hipótesis para poder explicar por qué fue así. Por qué pasó el tiempo y no hubo nadie ahí al lado para ver una película. Por qué nunca apareció nadie a esperarme cuando saliera de cualquier lado.

Por qué nunca me despertó esa llamada. O por qué sé cuando me van a llamar y por qué van a hacerlo. Y rezar porque se rompan las cosas que yo puedo arreglar, y sentirme con un propósito más interesante que el haberme convencido de escribir líneas y líneas sobre mi mismo, enredando todo lo que me pasa como si estuviera tratando de pescar con dos cañas al mismo tiempo.

Por qué me jacto después de mucho tiempo de no ser normal, y sin pudor alguno alardeo de ser diferente a todos. Y lo mantengo… Sólo me gustaría que lo que fuera que me haga no igual a los demás fuera del tipo de cosas que a los otros no normales les da cuidado, preocupación… Los hace especiales, en ese buen sentido, en oposición a mi sentido.

En mi cabeza empiezo a recordar y me siento nuevamente en el dos mil seis, dos mil siete y todas esas cosas que dije con los años de mi mismo… Son las mismas. Es por eso que en realidad son dos años y medio de estar en el mismo lugar. No cambié. No cambio. Las cosas… No cambian.

Que aparenten ser diferentes no implica nada más que… Eso.

Y puedo seguir jugando alrededor de todas las cosas que me pasan y ver si cambia algo, pero al final del día no va a ser así, y sólo voy a haber expuesto todas las razones por las que… No sé ni cómo sigue.

Me quedo sin batería, me voy a dormir.

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