Aún recuerdo la última vez que me fui de casa a Buenos Aires. Aquél viaje resultaría también el último que haría como paseo y sin una mudanza de por medio. Me acuerdo de haber tomado mi teléfono celular a no más de 20 kilómetros del centro de la ciudad y haber comenzado a escribirles mensajes a personas que en algún momento habían tenido alguna importancia para anunciarles que me iba (pretendiendo que no volvía, sabiendo que no era así) y en algunos casos apuntando a remarcar ‘lo que hubiera sido si…’ y demás .
Esta vez no hice eso.
Podría tratar de armar un mejor escenario o contexto histórico para los hechos que comenzaron a suceder a partir de este viernes, pero confío en que no hará falta y en que los sucesos se podrán ubicar por si solos.
La película que pasaron en el ómnibus fue “Tirador”, una película que casualmente había tenido ganas de ver desde que vi el avance de la misma durante los anuncios antes de Superman, estando con mi hermana y mi hermano a mitad del año pasado de vacaciones en Buenos Aires.
El viaje no tuvo mayores particularidades, exceptuando el anecdótico ascenso de dos efectivos de las fuerzas especiales de la gendarmería a la unidad en la que viajaba, apuntando con una pistola automática en busca de lo que yo creo que fuera probablemente alguna amenaza para la seguridad del país o quizás del mundo. Luego de ver una película donde deben dispararse tres mil balas, ver a un par de hombres armados y encapuchados con un arma desenfundada puede ser una experiencia interesante.
Durante el viaje escuchaba a un par de desconocidos que de pronto comenzaron a hablar y a conocerse. Luego de horas de charla y de (gracias al volumen de la conversación) noté que era mi vecina, porque comencé a reconocer los nombres de las personas de las que hablaba. Ellos también se sorprendieron con el ascenso de los Rambos vestidos de negro que nos pasaron por al lado.
Llegué a la terminal de Retiro, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, donde estaban esperando mi papá y mi hermana. Apenas bajé con mi mochila y mi tabla de skate los saludé con un abrazo y de entre las muchas personas que se encuentran en ese lugar en cualquier momento de cualquier día salió mi mejor amiga Lucía. A ella también la saludé con un abrazo.
(adelanto de lo que quizás sea lo más novelístico que alguna vez haya escrito)
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Déjà Vu.