extracto de ‘ego‘ del libro ‘nueve meditaciones‘ de alan watts
Ego
Me imagino que la pregunta más fascinante del mundo es: ¿Quién soy? O bien: ¿Qué soy? El vidente, el sabio, el ser que cada uno de nosotros es, es la más inaccesible de todas las experiencias, completamente misteriosa y oculta.
Hablamos de «nuestro» ego y usamos la palabra «yo». Siempre me ha interesado tremendamente qué quiere decir la gente cuando usa la palabra «yo», porque aparece en formas del discurso muy curiosas. Por ejemplo, no decimos que «somos un cuerpo», sino que «tenemos un cuerpo». Se diría que, en cierto modo, no nos identificáramos con la totalidad de nosotros mismos. En inglés se dice «mis pies», «mis manos», «mis dientes», como si se tratara de algo exterior a quien lo dice. Y, por lo que yo percibo, la mayoría de la gente tiene la sensación de ser «algo» que está a mitad de camino entre ambos oídos y un poco por detrás de los ojos, dentro de la cabeza, como un centro del cual pende el resto de ellos. Y el principio que rige allí dentro es lo que llamamos el ego. ¡Eso soy yo!
Pero no puedo dejar de pensar que todo eso es una alucinación. Eso no es lo que somos, en modo alguno. Y se trata de una alucinación muy peligrosa, porque le da a uno la idea de que es un centro de conciencia, energía y responsabilidad que se destaca de —y se contrapone a— todo lo demás. Somos el principio interior a nuestro propio cuerpo como si el cuerpo fuera un automóvil y nosotros el chófer. Y nos sentimos prisioneros en una trampa, porque el cuerpo es una especie de lío. Enferma, se cansa, duele y, finalmente, se gasta y muere. Y uno se siente atrapado en una cosa así porque se siente diferente de ella.
Ademas, sentimos que el mundo exterior a nuestro cuerpo es una trampa terrible llena de gentes estúpidas que a veces son agradables con nosotros, pero la mayor parte de las veces no. No piensan más que en sí mismos, como nosotros, y de ello se generan conflictos tremendos. Y en cuanto a los demás, aparte de la gente, son absolutamente mudos e idiotas: los animales, las plantas, las verduras y las piedras. Finalmente, más allá de todo eso hay llameantes centros de radioactividad que llamamos estrellas, y donde están no hay aire, no es lugar donde pueda vivir una persona.
Hemos llegado a sentir que somos centros de conciencia, muy, muy frágiles, sensibles y vulnerables, enfrentados con un mundo al que no importamos un rábano. Por consiguiente, tenemos que librar batalla contra ese mundo exterior, vencerlo y someterlo a nuestra voluntad. Hablamos de la conquista de la naturaleza; queremos conquistarlo todo. Hablamos de conquistar montañas, de conquistar el espacio, de conquistar el cáncer, etcétera. Estamos en guerra. Y eso nos sucede porque nos sentimos como un principio, un ego, solitario y atrapado, ligado inextricablemente, de alguna manera, con un mundo que no marcha como quisiéramos, a no ser que consigamos de algún modo forzarlo.
Tengo la sensación de que percibirnos como un ego es una alucinación, una concepción totalmente falsa de nosotros mismos, como un ego dentro de una bolsa de piel. Realmente somos, antes que nada, la totalidad de nuestro cuerpo. Aunque el cuerpo esté limitado por la piel, puedo establecer una diferencia entre mi exterior y mi interior. Mi cuerpo no puede existir si no es en cierta especie de medio natural. Es obvio que necesita aire, y que ese aire debe estar más o menos a cierta temperatura; también necesita nutrición,necesita estar en cierto tipo de planeta, cerca de cierto tipo de estrella caliente. Y el planeta debe girar alrededor de ella de forma regular, armoniosa y rítmica, de manera que la vida pueda continuar. Una disposición así es tan esencial para la existencia de mi cuerpo como para sus órganos internos: el corazón, el cerebro, los pulmones y todo lo demás. Es decir que, en realidad, no hay manera de separarme yo, como cuerpo físico, del medio natural en el cual vivo.
Pues bien, esto significa que, como cuerpo, armonizo con mi medio natural exactamente de la misma manera que las abejas armonizan con las flores. La flor crece de la tierra, colorea y perfuma el aire. La abeja es independiente y anda por ahí, volando y zumbando. Pero donde no hay abejas no hay flores, y donde no hay flores, no hay abejas. Ambas van juntas y, en ese sentido, constituyen un sistema. Sustituyamos la palabra «sistema» por la palabra «organismo», una única forma vital, un solo individuo, en el que hay abejas y flores, por muy diferentes que parezcan. Naturalmente, mis pies tienen un aspecto muy diferente de mi cabeza. Claro que hay un lazo que los une, y por eso decimos: «evidentemente, todo es lo mismo». Son cosas muy diferentes, pero las dos son yo. La cabeza y los pies, aunque sean diferentes, son como las abejas y las flores: armonizan una con otra.
Por consiguiente, para definirme de manera científica, para dar una descripción clara de mi cuerpo, de mi organismo, de mi comportamiento, y una descripción de lo que mi cuerpo hace, también debo describir el medio, las circunstancias en que lo hace. En otras palabras: no tendría sentido describirme caminando, si no describiera el terreno. Porque si no describiera el terreno, mi descripción de la actividad de caminar sería, simplemente, la de una persona moviendo las piernas en el espacio vacío. Y eso no sería caminar, tengo que describir el terreno por donde camino.
[...]

Uo, si , a mi siempre me cayo mal el egocentrismo occidental tan exacerbado al que estamos tan apegados, siempre me pareció que en ese sentido la cultura oriental estaba más avanzada.
Aun así, tengo criticas a cerca de esto, que son las mismas razones por las que …bueno, no importa, otro dia las escribo porque después decís que soy muy criticon. jaja
Me pareció copado esto que pusiste :)
¡Quiero esas críticas!
.-
en serio
sólo vos
y yo
somos los únicos que nunca se cortaron
…
dios juega a los dados
y nosotros somos el cubilete.
lo lei todo, pero las noticias me golpean más rápido q la luz
y ya me desconcentre…
dsp te cuento off the record.